Clash Royale, el fenómeno que ha revolucionado el concepto de gaming

Hablar de Clash Royale es hacerlo de un descargable que ha puesto las normas del juego móvil patas arriba. Siguiendo el modelo freemium —jugar es gratis, aunque podemos comprar gemas y cofres con dinero real—, esta pieza fue escalando posiciones en la Google Play Store hasta hacerse con más de mil millones de dólares en beneficios durante su primer año de vida.

También logró un BATFA, y se coronó en la decimotercera edición de los International Mobile Gaming Awards. Para 2017 ya era uno de los 10 juegos más importantes del año y este 2018 no parece quedarse atrás: los coleccionistas de cartas no van a detenerse ahora, cuando algunas de las mejores escuderías del mundo están fichando a jugadores para sumarse a sus filas.

¿Qué es Clash Royale?

Pero antes de continuar, establezcamos unas pautas básicas: ¿de qué hablamos cuando hablamos de Clash Royale? De un videojuego para portátiles lanzado en enero de 2016 y basado en el universo de Clash of Clans. Es decir, el anterior pelotazo creado y distribuido por Supercell que debutó en 2012 para iOS y Android y se transformó en una auténtica revolución al poner sobre la mesa dos engranajes clásicos: mazos de cartas y combates rápidos.

Clash Royale crece bajo la misma pauta (gratuidad, género híbrido y diversidad de estilos de juego) pero sube un pistón en velocidad: ya no necesitamos crear y alimentar un poblado desde cero, la estrategia ahora se desplaza más sobre el combate que sobre la gestión del mapa.

Eso sí, el control del inventario sigue siendo imprescindible. Y ese inventario son cartas, muchas cartas. Los enemigos son cartas con distintos valores asignados a los que se les puede vitaminar los estados con otras cartas. Las arenas son escenarios de batalla de distintos niveles: en el margen inferior yacen nuestros aguerridos luchadores, en el superior, los del rival. Una barra azul marca el tempo de la pelea —el medidor de elixir determina la potencia y la cantidad de movimientos que podremos llevar a cabo—. El resto está sobre el tapete.

La estrategia está siempre pululando, en cada movimiento: ¿me la juego a costa de sacrificar a mis dos esqueletos o intento hacer férrea defensa con esos dos dragones que acaban de salirme? Es imposible medrar sin planificación, sin trabajo. El ejército que consigamos no sirve de nada sin ese “uso responsable” de sus distintas habilidades, confrontar hielo con fuego, viento con tierra, etc.

¿Y qué obtenemos a cambio? Ascender a través de las 10 arenas, lograr trofeos, espolear la economía del juego y subir en los rankings oficiales. Destacar sobre el resto, claro. Por suerte, al ser un juego ligero disponible para portátiles, ideal para jugar en ratitos y desconectar, nada como tener un sistema óptimo para ello, como el Acer Aspire 7 de apenas 1,3 kg de peso, un potente ultrabook táctil que puedes llevarlo encima sin sacrificar autonomía.

Juventud, divino tesoro

Una de las claves del éxito de Clash Royale radica en su permeabilidad dentro de los distintos estratos sociales y edades. Los más pequeños ven muñecos dibujados con animación gruesa y atractiva, que recuerda a muchas de las producciones de Cartoon Network.

Mientras tanto, los más veteranos del lugar vemos un juego audaz donde alcanzar la cima exige minería diaria. Algo así como mezclar el mundo de las cartas Magic con el enésimo tower defense herencia de Starcraft. A diferencia de este, no necesitamos un PC de sobremesa para jugar: podemos seguir progresando en cualquier rincón, en la pausa del trabajo o el recreo del instituto.

Dicho de otra forma: es fácil engancharse, es fácil querer ser mejor mientras devoras consejos del youtuber de moda y echas un ojo a la TV Royale: incluso quieres salir en ella, quieres que el icono de tu clan aparezca más allá de los duelos privados, picotear entre los canales de Twitch y hacer ruido porque te lo has ganado tras semanas de batallar sin descanso. Eso es Clash Royale.

Hora de ligar

Pero no fue hasta comienzos del pasado año cuando llegó la verdadera revolución: los torneos competitivos. En marzo de 2017 llegaron las ‘Ligas’, dando así un cariz propio de los eSports a este instalable móvil. Más de 4.000 trofeos desembocaron en los distintos Challenger y espolearon esa fiebre competitiva, a la que habría que sumar los Clan Battles.

El torneo mundial se oficializó con el Campeonato Clash Royale Crown, enfrentando a los mejores clubes —y jugadores—  de América del Norte, Asia, América Latina y toda Europa. No en vano, la primera ronda arrojó 28 millones de participantes. La última edición, celebrado en el Queen Elizabeth Olympic Park de Londres, fue poco menos que una experiencia religiosa, con 400.000 dólares en premios y otros 150.000 extra para el campeón mundial —de los 16 clasificados—.

Por supuesto, para llegar tan alto antes hay que pasar por las distintas fases clasificatorias. Todo el mundo es bienvenido. Mismamente, en España contamos con la Major abierta ‘Brillante Go4ClashRoyale’, una oportunidad para demostrar talento, para optar por los 500 euros en premios que ofrecen cada mes, y para amasar puntos en el ranking clasificatorio.

Esta competición —en la que se dan cita cientos de usuarios cada sábado a partir de las 16:00h—, no solo sirve para destacar entre los mejores a nivel amateur, sino que sirve como trampolín y zona de pruebas previo a la profesionalización. Es el camino ideal para comprobar hasta dónde ha llegado la fenomenología competitiva de este pequeño gigante de Supercell.

Imágenes | Supercell

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Israel Fernández