Experiencia Gaming: 24 horas con el Predator Z1T

Cuando Acer anunció su nueva línea de monitores gaming Predator Z1 —en tres distintos modelos de 27, 30 y 31.5 pulgadas—, nunca habría imaginado hasta qué punto se tomaron en serio la palabra “gaming”. Al Predator Z1 (301C, para ser exactos), esta calificación le va como anillo al dedo.

Y la razón de esto se llama «Tobii EyeTracking». Probado sobre el reciente ‘Assassin’s Creed: Origins’ el resultado es abrumador: ajusta en tiempo real los niveles de brillo y contraste dinámico, de forma realista. Además ayuda a marcar enemigos o a recoger objetos sobre el escenario sin movernos, haciendo la partida más orgánica y natural. Lo mejor de esto es que no afecta al rendimiento, ni afecta a la fluidez. Pero comencemos por el principio.

Especificaciones técnicas

Antes de proseguir, aquí van un puñado de datos clave para situarnos en el marco del monitor:

  • Tamaño de la pantalla: 29.5 pulgadas, aspecto 21:9
  • Resolución nativa: UltraWide Full HD (2560 x 1080 pp)
  • Frecuencia de actualización: 144Hz (overclockeado de 200 Hz)
  • Tipo de panel: VA curvo de 1800R
  • Relación de contraste: 21:9 (ultrapanorámico)
  • Ángulo de visualización: 178°
  • Brillo: 300 candelas por metro cuadrado
  • Respuesta: 4 milisegundos de gris a gris
  • Gamut: 100% de cobertura sRGB (16,7 millones de colores o, lo que es lo mismo, 24 bits en un rango de 256 por color)
  • Base: metálica con pasador. Soporte con inclinación (entre -5° y 25°), rotación (entre -30° y 30°), elevable hasta hasta 120 mm

  • Entradas de pantalla: HDMI, DisplayPort (el packaging incluye cable DisplayPort de 1.8m. No así en el caso del HDMI).
  • Pixel Pitch: 0.297 milímetros
  • Índice de píxeles muertos: no se ha detectado ninguno en la unidad
  • Entradas adicionales: 4 USB 3.0, uno dedicado al Tobii Eye Tracking
  • Modo gaming: completo, 3 perfiles de juego, 3 mirillas para shooters
  • Color: negro, excepto embellecedores en tipografía y base, marcados en rojo corporativo
  • Otros: Conector para auriculares, G-Sync,
  • Altavoces: 2 speakers estéreo, con tecnología Dolby DTS; 7W de potencia

Reseña tras 24 horas probándolo con juegos

Comienza el día con buena luz y algo de frío. El cambio de hora nos va a robar algunas horas pero así podremos probar tecnologías como el low-dimming, esa tenue iluminación que promete un contraste estable. Sí, también podemos elegir que el logo de Predator brille en rojo, azul y verde.

Pero centrémonos: al menú de visualización (OSD) accedemos por medio un joystick trasero, con el que desplazarnos de forma intuitiva. Además hay tres botones que sirven de atajos: brillo, contraste, perfil de usuario, lo que queramos. Si los botones son algo toscos al tacto, el joystick es cómodo e intuitivo, ideal para configurar y guardar perfiles al vuelo.

El cableado principal (HDMI, DisplayPort, auriculares y conector de corriente hacia el transformador) se encuentra escondido bajo una pestaña desmontable en la parte trasera. Esta pequeña incomodidad nace para satisfacer ese deseo de esconder los cables a toda costa, pero exige inclinarse y revisar con cuidado la conexión. Muchos usuarios apostamos por cascos, teclado y ratón inalámbricos, cierto. Pero eso no significa que en un monitor de estas características seamos amigos a la fuerza de enormes ensaladas de cables.

La curvatura del panel es muy sutil. Cuando tomas distancia puedes percibir una ligera deformación visual, pero cuando te sientas frente al monitor la imagen se adapta de forma natural como tus vaqueros favoritos. Es obvio que los monitores curvos han sido creados para fomentar esa “inmersión” tridimensional —prueba el HUD del menú principal en el reboot de Tomb Raider y lo entenderás—, pero eso no significa que no pueda usarse en otros menesteres.

El gaming es su zona de confort, y está preparado para ello, pero cuando empiezas a zarandear pestañas a doble pantalla y ves que no hay la menor estela gráfica, que la definición es limpia y que no agota la vista por más horas que pasas delante, entiendes que es un todoterreno que cuesta lo que vale. Eso sí, la resolución de pantalla trae algún que otro dolor de cabeza por incompatibilidad. Una vez te acostumbras a los 21:9, el FullHD se torna claustrofóbico e incómodo y quieres verlo todo a 2560x1080p. Algunos juegos simplemente no son compatibles.

La primera prueba sobre el brillo arroja un detalle importante: del 25% de brillo en adelante, el contraste no se resiente. Es muy estable, tanto el punto de blanco como forzando los negros al máximo. Jugué durante dos horas al citado ‘Tomb Raider’ con su configuración Ultra y, de hecho, considero que el brillo excede la especificación de 300 nits, algo que puede ser peligroso si se descontrola —proyectar luz y deformar el color hacia las esquinas— pero que en este caso se mantiene sobre ese difícil equilibrio de la estabilidad.

Las tecnologías del Predator Z1T

Vamos a hablar un poco de todas esas innovaciones que dan razón de ser a este monitor, ya que cuenta con con varias tecnologías patentadas por Acer entre las que se encuentra Vision Care.

Bajo esta familia se agrupan un puñado de tecnologías como Flicker-Less, un sistema de antiparpadeo en el refresco de imágenes, BlueLightShield, un filtro de luz azul que bloquea el paso excesivo de este dañino efecto, ComfyView, una tecnología anti reflejos y Low-dimming, un sistema de baja atenuación que permite bajar el brillo hasta un 10% —ideal para trabajar en entornos oscuros—.

Profundizando un poco más podemos encontrarnos el ULMB (Ultra Low Motion Blur), una tecnología que reduce el desenfoque de movimiento cuando los objetos en pantalla se mueven rápidamente. Gracias a un algoritmo que analiza la cantidad de cuadros por segundo logra un suavizado y aporta nitidez a los objetos.

Pantalla infinita es otro de los añadidos cruciales para jugadores: la cámara del monitor analiza nuestro ojo y reconoce hacia dónde estamos mirando. Sin necesidad de un click de ratón, la cámara sigue hacia donde estemos mirando, siendo consciente de los límites de la pantalla. De esta forma logra contrarrestar el contraste rápido que nos ciega en algunas escenas de videojuegos. Algo que se complementa con el ZeroFrame, un detector de varios monitores en paralelo que evita marcos intermedios que corten la fluidez visual.

EyeProtect es otra de las patentes de la marca diseñadas para reducir el cansancio y esfuerzo ocular durante largas sesiones de juego. Y dejamos para el final la joya de la corona: Nvidia G-SYNC. G-Sync elimina el tearing en pantalla, evita esos clásicos cortes donde la pantalla se corta —que no es sino lo que tarda el buffer en recargar los datos que recibe—, gracias a un algoritmo que ajusta la frecuencia con la GPU y mejora la sincronización vertical.

Para entendernos entre profanos, sin tanta jerga anglosajona, la G-Sync logra resultados que sólo una SLI de Nvidia o una Crossfire de AMD podría gracias a su sistema multiGPU: una tasa “acelerada”, un rendimiento más efectivo en el refresco de imágenes.

¿Qué es Tobii?

Otra de las grandes bazas de este Predator Z1T viene servido por ese promocionado «tobii Eye Tracking». Tobii Tech nació como tecnología en 2001, de la mano de tres desarrolladores de Estocolmo, pero no fue hasta 2012 cuando el equipo mostró un prototipo funcional. ¿La razón? Se basa en un complejo EyeChip que reduce el intercambio de datos y la carga de la CPU y realiza un seguimiento de nuestro ojo.

Mediante análisis geométrico, esta tecnología es capaz de detectar hacia dónde miramos y lograr un movimiento de cámara más natural, o incluso activar funciones dentro del propio menú. Ya ha sido implementada en un buen puñado de juegos: ‘Watch Dogs 2’, ‘Tom Clancy’s The Division’ o el recientísimo ‘Assassin’s Creed: Origins’ cuentan con ella

Como hemos podido ver más arriba, los resultados no se reducen a una simple feature, sino que afectan a la forma de jugar: si miramos durante un segundo el menú contextual, podemos activar el tipo de arma secundaria. Ya sólo falta silbar y que venga nuestro caballo a recogernos.

Predator Z1T + PlayStation 4

Por supuesto, mi test no iba a estar completo sin jugar en consolas. Ya eran las seis de la tarde y la oscuridad empezaba a caer sobre las ventanas, así que aposté por ajustar el brillo a conveniencia. En ningún momento la interfaz lastró el rendimiento. Cambiamos de HDMI y comenzamos.

Primer reminder: en una PS4 normal (primer modelo o slim) la salida está limitada al FHD, es decir, 1080p, lo que conlleva a las dos sufridas barras negras a los laterales. Desde una PS4 Pro podemos hacer uso del panel completo —no así del alto rango dinámico—.

Cabe señalar que ninguna de estas consolas son compatibles con la tecnología Tobii EyeTracking, así que nos perdemos parte de las posibilidades pero hay algo que os puedo confirmar: he disfrutado más escalando las pirámides de Giza en ‘Assassin’s Creed: Origins’ a través de este Predator Z1 que a través de mis monitores de referencia. Tal vez se deba al rendimiento a corta distancia. O quizá es una somatización de estar ante un objeto de construcción sólida, lo que entendemos por producto premium.

En general, los resultados no sólo cumplen con lo esperado sino que dejan la sensación de enfrentarse a un monitor muy capaz. Si cuentas con un PC a la altura comprobarás como forzando los frames por segundo a tasas más altas, no percibirás latencia alguna.

Y lo mismo podemos decir del audio, algo escaso en frecuencias graves pero orgánico, inmersivo y con potencia suficiente para que nos olvidemos de un equipo de altavoces secundario. Con su robustez y efectividad dentro las diferentes pruebas, podemos concluir que estamos ante uno de los monitores gaming más versátiles del mercado.

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Israel Fernández

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