Pokémon GO: por qué todavía le queda mucho para ser el juego que todos esperábamos

Pokémon GO nació con vocación de estrella. Quería conquistar el mundo y nadie le iba a marcar impedimentos. La licencia Pokémon es tan exitosa que, como reza el meme, solo puede competir contra sí misma. Cuando el juego fue lanzado, en apenas 4 horas ya era el software más descargado de toda la App Store. En su primer día de vida, aún siendo un free to play, ya había generado más de 10 millones de dólares en beneficios.

Las generaciones fueron llegando, los kilómetros se fueron batiendo y los eventos sociales fueron cayendo. Un años después, con todo el hype calmado, se había convertido en una pieza cardinal dentro del juego móvil, con 752 millones de descargas65 millones de usuarios, y más de 1.200 millones de dólares amasados en compras dentro de la app.

Pero la cosa no pinta bien. El que se postulaba como joya imperecedera parece estancarse, detener su imparable carrera, a la vez que la frenan sus usuarios. ¿Qué va a ser del Pokémon GO del futuro y cuál es el futuro de Pokémon GO?

Unas incursiones a medio gas

A 20 jugadores por raid, lo más esperado (y deseado) por la comunidad eran las incursiones. Con la llegada de la segunda generación y los nuevos gimnasios hubo interés, pero era bajo esta nueva modalidad cuando se jugaría la parte por el todo. Una incursión requiere cooperación, entendimiento, nada de hacer el bruto, sino abrirse al mundo y documentarse con otros jugadores. Es decir, la experiencia coral sobre la individual.

Por desgracia, ni las recompensas (escasas) ni la dinámica visual (redundante) ayudó a que estas raids calaran entre la comunidad. Quizá Niantic Labs, desarrolladora, esperaba automatizar algo tan intenso e íntimo —los veteranos de World of Warcraft lo sabemos— como lanzarse a la batalla con un puñado de desconocidos que acabarían siendo aliados de por vida.

Buenos datos, pero mejorables

Qué preciosidad de tráiler, con narración de Stephen Fry, actor de Sherlock Holmes: juego de sombras, y música original de George Fenton. Pero mejor centrémonos: a Pokémon GO no puede reprochársele malas cifras.

Desde Super Data Research se confirmó que el juego logró 890 millones de dólares en beneficios durante todo el pasado año fiscal. Apenas hay rivales que se le presenten. Podríamos hablar de Clash Royale y Clash of Clans, claro, con una facturación que superó los 1.000 millones, pero estaríamos hablando del rey de reyes, no de uno más.

Las peores cifras están dentro del propio juego, en los ratios de actividad. Los Días de la Comunidad, días donde se premia la cooperación entre entrenadores, solo han ganado crédito entre los más fieles. El resto, con sus pantalones cortos y viseras, apenas recuerdan que este juego les hizo levantarse del sofá y convertirse en abanderados temporales del running.

Teléfonos on fire

Tal vez, una de las rutinas que peor prensa le han granjeado al juego está en su gasto energético. La batería no cunde cuando Pokémon GO está activo. Devora cada miliamperio hasta la última gota. Un teléfono de gama media de 2016 puede morir en apenas 50 minutos de incursión.

En un mercado con una competencia tan feroz como el de Android e iOS, con piezas gráficamente más solventes como Fire Emblem Heroes, Naruto Shippuden Ultimate Ninja Blazing o Traffic Rider, o te esmeras en optimizar el rendimiento de tu juego, cuidando que cada actualización esté testeada en un buen centenar de terminales, o acabarás llenando páginas de hilos en foros con críticas furiosas.

Apostando por un nuevo mercado

No obstante, Niantic Labs no se ha estado quieta. Con el beneficio generado han ido adquiriendo distintos estudios creativos. En noviembre de 2017 se hicieron con Evertoon, uno de esos pequeños hogares donde la investigación social y las mecánicas lúdicas van siempre de la mano.

Hace apenas una semana se hicieron con Escher Reality, como anunciaron en su propio blog oficial. Movimientos que apuntan hacia un «no vamos a rendirnos». Y es que en Pokémon GO no faltan ideas, pero muchas se implementaron tarde, cuando su comunidad más fútil ya se había desplazado hacia otras propiedades. Haría falta un cambio demasiado drástico para virar la opinión general de «esto ya lo he visto antes» hacia un sentimiento de deslumbramiento.

¿Cuál podría ser una solución a corto plazo? Apostar por nuevos segmentos de jugadores, un nuevo mercado y pretender alianzas con otros estudios —como ya están haciendo—, sin pervertir en ningún caso el núcleo original, ya que son la razón por la que los fieles se mantienen en la brecha.

Nintendo sabe gestionar muy bien su propiedad, como ya ha demostrado recientemente con Detective Pikachu. Con un poderoso lanzamiento sobre la licencia en ciernes, no es extraño imaginar que aprovechen su tracción para presentar nuevos cambios al mundo.

Una novedad poco novedosa

Sin duda, y como expone Aarón Rodríguez, investigador del Grupo ITACA, ha sido «llamativa su corta vida tras una enorme popularidad durante seis meses». No es un caso aislado, pero sí demuestra que sus sencillas mecánicas son tan poderosas por simples como agotadas por lo ídem.

Un juego «ampliamente aceptado por sectores totalmente heterogéneos», que quemó el combustible demasiado pronto, segura de que triunfaría por el simple hecho de ser quien era. Pokémon GO nunca fue el juego que esperábamos porque, cegados por el hype, tampoco sabíamos definir esa abstracción que anhelábamos. Ni siquiera hoy sabríamos describir cómo debería ser.

Ni siquiera hoy sabríamos describir cómo debería ser ese primer ‘Pokémon GO’ soñado

Y, como decíamos, los números no han sido en absoluto negativos pero aún le queda mucho por avanzar como videojuego. Solo tiene que fijarse en las mejores entregas de una prolongada dinastía y saber qué quiere coger y quitar de cada una. Ejemplos no faltan y talento, con tanta nueva sangre en las filas, tampoco parece escasear.

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Israel Fernández