¿Qué podemos esperar del nuevo modo competitivo de League of Legends?

Se avecina un choque de trenes en League of Legends. Las bases del celebérrimo MOBA de Riot Games están a punto de ser sacudidas tal y como las conocemos con la llegada del modo Clash, una actualización del juego con la que sus responsables aspiran a crear un entorno más competitivo. Su lanzamiento aún no tiene fecha concreta, pero varias filtraciones con origen en Vietnam descubrieron sus novedades hace algunos días.

El propósito de Clash es evidente: moldear la mecánica subyacente de LoL para convertirlo en una título diseñado para saltar a la arena de los eSports, donde Acer participa como partner en Worlds 2017 a través de la marca gaming Predator. Lo cierto es que LoL ya está ahí desde hace tiempo, pero no como Riot se propone con esta actualización. Factores como la compra de jugadores y las recompensas apuntan a un desarrollo más próximo al de una liga deportiva. Y es que es ahí donde ahora está el dinero.

La alta competición llega a LoL por la puerta grande

Más que una modalidad de juego per se, Clash será una especie de liga interna de LoL que seguirá la estela de las competiciones de la ESL. La idea es acercar la emoción de la más alta competición al usuario medio, incorporando torneos y compras (o transferencias) de jugadores y recompensas en el propio juego.

El cambio más importante (y evidente) es la nueva pantalla del modo competitivo, que directamente nos instará a formar un equipo y competir en una clasificación estructurada en forma de liga para obtener una serie de premios. Cada uno de estos equipos estarán representados visualmente por un logotipo. Aparentemente se acumularán nuevos chromas conforme se vayan ganando partidas.

Por lo que se puede ver en las imágenes filtradas, acceder a campeonatos superiores y recompensas más interesantes requerirá la compra de tickets. Lo que no está del todo claro es si estos tickets tendrán algún coste en RPs.

También resulta interesante la configuración de equipos. El modo Clash permitirá invitar a nuevos jugadores a nuestro equipo, pero también que otros equipos se pongan en contacto con nosotros para hacer un Figo. Es más, incluso habrá un marcador que facilitará la búsqueda de ‘equipos interesantes’ junto a sus respectivas estadísticas.

En un principio será posible competir por nuevos jugadores, realizando pujas y contrapujas para arrebatar jugadores clave a nuestros competidores.

Si bien no se esperan grandes novedades a nivel visual, el nuevo árbol de equipos y competiciones supone un cambio fundamental en la interacción entre el juego y el jugador. De hecho, seguro que más de un fan empedernido ya estará pensando en cambiar de monitor por algún modelo más panorámico

¿Ansioso ya por probar el modo Clash? Bien, en ese caso ten en cuenta que lo poco que sabemos de él es gracias a un usuario de Reddit que se hizo pasar por un jugador vietnamita para ganar acceso a la beta. De hecho, los cambios ni siquiera parecen ser jugables. Esta información solo ha sido recabada inspeccionando el código del juego, por lo que es imposible saber si la versión definitiva incorporará todos estos aspectos… ni qué otras novedades nos esperan.

Los eSports mandan

La irrupción de los eSports como parte intrínseca de LoL no debería pillar a nadie por sorpresa. La alta competición mueve millones de euros y, con más de 100 millones de jugadores mensuales, LoL atrapa audiencias que superan ampliamente a muchos deportes minoritarios, por lo que lo extraño sería que Riot ignorara esta situación. Ahora el estudio podrá tener un mayor control sobre las competiciones integrándolas de forma más granular en el propio juego.

El énfasis en la creación de equipos será sin duda uno de los aspectos más interesante del modo Clash. Algunos usuarios reclaman desde hace tiempo algún tipo de cambios que reintroduzcan una mayor camaradería en el juego, y esta podría ser la solución perfecta. Sea como sea, se avecinan grandes cambios en la concepción de LoL, y la atención será máxima de aquí hasta su previsible lanzamiento a finales de año.

Alberto Ballestín