Qué son los benchmarks y cómo te ayudan en tu experiencia gaming

Existen dos palabras que todo fan de los videojuegos ha encontrado, tarde o temprano, entre la configuración de su PC. Una es benchmarks; la otra es overclocking. De la segunda hablaremos en otra ocasión.

¿Qué es un benchmark? Pues una prueba, así de simple. Una serie de tests para determinar ciertos niveles de rendimiento, para ser más precisos. Los números fríos son la mejor herramienta para comparar velocidad, resistencia o tolerancia de las memorias y procesadores de nuestros equipos. Por supuesto, ni todos son iguales, ni todos persiguen el mismo fin. Vamos a conocerlos.

¿Para qué necesitaría un benchmarking?

Es algo presente en el deporte, en la enseñanza, incluso en grupos de trabajo: David T. Kearns, Director General de Xerox, denominó el benchmarking como «un proceso sistemático y continuo para evaluar productos, servicios y procesos de trabajo». Pero a nosotros nos interesa otro tipo de evaluaciones, especialmente informáticas: tiempos de lectura, escritura y cálculo tanto en la RAM, de la memoria, la capacidad de respuesta, etcétera.

De hecho, no sólo podemos poner a prueba el procesador de nuestros PC’s o portátiles. DisplayMate mide el rendimiento de las pantallas móviles. Los test de DxOMark miden el rendimiento de las cámaras. AnTuTu mide la potencia de los chipset móviles. Y aún tendríamos que hablar sobre motores de iluminación, postprocesado geométrico, etcétera.

Dicho esto, una pregunta recurrente que surge es: ¿y cómo disponemos de las herramientas adecuadas? Nosotros, como usuarios, podemos acceder a una serie de aplicaciones informáticas para ello. Para llevarlas a cabo siempre es imprescindible cerrar todos los procesos abiertos del sistema, cerrar las aplicaciones e incluso desconectar todas las redes. Cada pequeña variable y subproceso que consuma recursos puede falsear los datos finales.

Por fortuna, los propios benchmarking son cada vez más intuitivos, incluso con sencillamente indicar el nombre del juego harán un análisis previo para determinar si nuestro equipo es capaz o no de ejecutarlo. Esta permeabilidad nos vendrá genial cuando algún programa se nos atragante y no sepamos por qué.

Un test para cada función

Para que la capacidad real no se vea alterada conviene también desactivar temporalmente las actualizaciones automáticas, algo que podemos llevar a cabo desde el panel de Windows Update o escribiendo en la barra de inicio ‘Ejecutar’ (Windows+R), escribimos después «services.msc», seleccionamos de la lista de procesos ‘Windows Update’, abrirmos con click derecho y lo deshabilitamos entrando dentro de la pestaña ‘General’, desde el apartado ‘Tipo de inicio’. Sólo nos quedaría guardar los cambios.

Los tests, normalmente, se dividen en dos: de bajo y alto nivel. Los de bajo nivel responden con cifras muy sencillas de comprobar: reloj de la CPU, tiempo de acceso medio al disco duro —latencia, lectura y buffer—, tiempos de la DRAM y la caché SRAM, tiempo entre cambiar de una a otra pista, etcétera.

Los test de alto nivel se enfocan a medir otros tiempos intermedios y el rendimiento de la combinación entre sistema operativo, controlador y componentes. Antes de realizar estas pruebas debemos contar con los drivers actualizados a la última versión. A través de los test de alto nivel podemos saber, por ejemplo, lo que tarda en lanzarse una aplicación y por qué, o lo que tarde en comprimirse y descomprimirse un archivo.

Las herramientas clave

Para comprobar la salud y la potencia de nuestro equipo hay infinidad de aplicaciones, aunque unas son más estables y fiables que otras. 3DMark, por ejemplo, está adaptada para casi cualquier equipos, tanto si tienes un sistema más antiguo como si posees un ordenador gaming de alto rendimiento capaz de ejecutar juegos a 4K, como un Predator G6 o un Triton 700.

Los bancos de pruebas cuentan con una versión demo gratuita, para realizar algún test puntual. La versión completa ofrece un Time Spy, es decir, un motor DirectX 12 puro, que analiza el rendimiento multihilo de nuestro equipo, probando la efectividad de la tarjeta gráfica. También cuenta con un Sky Diver, ideal para ver hasta dónde rinde la GPU, y un Ice Storm, para equipos más modestos (tabletas y smartphones).

En la misma línea encontramos el prestigioso PCMark, ideal para que usuarios con ciertos conocimientos informáticos comprueben la carga de trabajo que provoca una aplicación sobre nuestro sistema. De esta forma podemos ver hasta dónde es seguro “forzar” al PC y entender un poco mejor sus capacidades.

Dentro de la versión gratuita se encuentra el test Home, ideal para probar las cargas de trabajo en tareas de rutina sobre el equipo, no sobre las apps (pasar archivos, abrir ventanas); por otro lado tenemos la prueba Creative, que mide cargas de rendimiento dentro de editores multimedia —retardo en cargar un gráfico, compresión de un vídeo, reflejar un efecto, etc— y, por último, el test Work mide el rendimiento en cargas en tareas de ofimática, como navegar o escribir textos.

Hay muchos más, por supuesto: SiSoftware Sandra es muy visual e intuitivo para principiantes; SuperPi arroja datos confiables aunque sólo trabaja con single-thread; Unigine Heaven soporta casi cualquier plataforma y sistema, y es perfecto para medir la potencia bruta de la gráfica hasta llevarla al límite. Depende de las necesidades de cada usuario.

Un aliado informático

Sabrás si tu equipo está pensado para pasar benchmarks si, en primer lugar, cuentan con aplicaciones nativas dedicadas a optimizar el rendimiento, dejando en suspenso el resto de funciones de forma automática para obtener una gráfica honesta. De esta forma siempre podrás obtener un plus de rendimiento para que tus juegos favoritos sean los más beneficiados.

Israel Fernández