Historia del mouse: del joystick militar al más avanzado ratón gaming

Cinco décadas de historia, medio siglo para hablar de un pequeño artilugio que apenas ha cambiado de forma y aspecto desde sus primeros días.

¿Qué es un mouse informático? ¿Cuándo llegó su comercialización masiva? Vamos a tratar de responder a estas cuestiones trazando una cronología que va desde un viejo joystick militar de más de 2kg, un control modo tanque frente a un monitor de fósforo verde, hasta un ligero gadget de 200 gramos capaz de interpretar nuestros gestos.

El primer mouse informático

Para hablar de pioneros en la historia del mouse debemos remontarnos hasta 1963, cuando el concepto de ratón aún ni siquiera existía, sino el de “X-Y Position Indicator for a Display System”. Es decir, un controlador para interfaz gráfica. El nombre “mouse” fue sugerido por varios miembros del equipo de la Universidad de Stanford al encontrar ese paralelismo en tamaño y forma con un roedor. Esta es la primera publicación oficial, firmada por Bill English, donde aparece el apodo.

No obstante, la rueda para desplazarse por una superficie fue patentada en 1947 para controlar los radares de apuntado. Años después, la Marina Real de Canadá inventaría su DATAR, un sistema con cuatro discos para recoger el movimiento en un plano bidimensional —direcciones X e Y—. Estas innovaciones fueron usadas por el ingeniero Douglas Engelbart, veterano de la Segunda Guerra Mundial, que trabajó tanto en interfaces como en el primer ratón para ordenador.

Su prototipo, construido junto al citado Bill English, también hacía uso de ruedas dentadas. Pero, no fue hasta el 2 de octubre del 68 cuando la empresa alemana Telefunken presentó su Rollkuger, un modelo con bola diseñado para controlar un terminal SIG-100. Esto condicionó un cisma tecnológico: del primer artilugio nacieron los ratones de mano; del segundo, los modelos trackball.

Aun así, el invento no se viralizó. Más bien al contrario, cayó en el olvido y la carrera tecnológica se congeló. Engelbart y su equipo seguiría trabajando y, en 1972, presentarían una nueva propuesta. Era un mouse para el Xerox Alto, el equipo del momento. Estrictamente hablando, aún no estábamos ante informática doméstica, aunque sí ante el primer paso para concretarla. Poco después se comercializaría el Xerox Star 8010.

Ratones para todos

En 1979, un tal Steve Jobs se fijó en este invento. A cambio de acciones en su nueva empresa, los de Xerox PARC (abreviatura de Palo Alto Research Center) le cedieron parte de su bastión tecnológico.

La joven Apple tomó lo aprendido y lo adaptó a su filosofía limpia y funcional. En 1984, se daría a conocer un ratón basado en tres botones y gran parte del mercado aprovecharía la lección: Commodore Amiga, Atari ST o incluso un inminente Apple Lisa incluirían esta innovación. Todo ello representó una década de pruebas que abrigó nuevas tecnologías.

De hecho, cuatro años después, en 1988, se emitió la patente de EE.UU. 4751505 a nombre de Lisa M. Williams y Robert S. Cherry. Lo que escondía detrás era un mouse óptico, una forma de recoger la información a través de un sensor láser que evitaba las clásicas ruedas. Y aunque tardaría una década hasta calar en el mercado, en parte por la dificultad que implicaba esta tecnología, acababa de abrirse una nueva puerta.

Otro escollo superado se presentó en 1991, cuando el fabricante de periféricos Logitech mostró su Mouseman Cordless, un ratón que usaba radiofrecuencia para comunicarse en vez de cable. Y ya metidos en 1995, el ratón ProAgio de Mouse Systems presentaría una oferta distinta: una rueda entre los dos botones laterales, con el que el dedo índice navegaba por la interfaz sin tener que desplazar el ratón sobre la superficie.

Del fracaso comercial al éxito masivo

Los ratones ópticos requerían una alfombrilla con retícula para reconocer la posición. Hasta 1999. Entonces se presentó un mouse con sensor óptico multisuperficie basado en LED. Esto significa que podía ser usado sobre una mesa de cristal, de madera o sobre cualquier otra superficie. Sin embargo, este éxito no duró mucho. Otro actor entró en escena.

Los trackpads existen desde los años 80, cuando las computadoras Apollo incorporaban un panel táctil al lado derecho del teclado. Marcas como Olivetti añadieron touchpads en sus portátiles y otras utilizaron tecnología que después sería incorporada a los primeros smartphones. El control capacitivo viró hacia las pantallas resistivas y los patrones gestuales.

Si existe un “rival” capaz de derrotar a un buen mouse es, en efecto, un buen touchpad. No en vano son la alternativa en portátiles y convertibles.

Cómo elegir el mejor ratón para mí

Hoy día tenemos ratones de cualquier forma y condición. Con mayor o menor éxito, existen cinco tipos diferentes:

  • Mecánicos, los “de toda la vida”, esfera de goma y dos rodillos con desplazamiento vertical y horizontal.
  • Ópticos, un estándar más reciente que cuenta con un límite teórico de resolución por pulgada.
  • Láser, más precisos y sensibles a la hora de interpretar el movimiento del ratón.
  • De trackball, con una esfera donde el pulgar interpreta el movimiento del índice.
  • Táctiles, ratones de superficie touch que actúan como un trackpad y cuentan con una superficie de desplazamiento, lo que los hace ideales para evitar el doble scroll.
  • Y verticales, con o sin bola, similares a los joysticks de juego, donde el desplazamiento también se realiza usando el pulgar y el índice.

De todos ellos, los más usado son los ratones inalámbricos y ópticos, conectados bien por Bluetooth o micro-USB. En la actualidad, hablamos de macros —botones programables para ejecutar funciones complejas con sólo pulsarlos—, de lag y sensibilidad. La sensibilidad se ha disparado logrando valores de hasta 12.000 dpi (puntos por pulgada). Cuanto más alto es el dpi mayor es la sensibilidad, pero menor la precisión.

Algunos mouses enfocados al gaming permiten calibrar unas pequeñas pesas internas para jugar con el peso total y adaptarlo, ayudando a mejorar las inercias del movimiento. Hay, en suma, opciones de sobra para cualquier tipo de usuario. Solo hay que fijarse en los últimos Acer Cestus. El Cestus 500 cuenta con dos botones laterales ubicados para el pulgar, mientras que un botón dpi central permite cambiar entre cinco perfiles distintos.

A su rueda de desplazamiento también se le pueden asignar tres funciones separadas (inclinación hacia la derecha, inclinación hacia la izquierda y hacia adentro), que le otorgan ocho botones programables en total. Y claro, todo esto puede ser gestionado desde una app que reconoce el rendimiento y “estado de salud” del ratón en todo momento.

Una salud que marca 50 millones de clics a la izquierda y 20 millones de clics a la derecha, ahí es nada.

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Israel Fernández