Por qué es tan importante Intel Optane en el camino hacia el portátil definitivo

En la industria tecnológica, cada avance supone una oportunidad de cambio. Se trata de una industria horizontal, donde las reglas del juego se escriben en tiempo real. No hay un claro vencedor, sino distintas aristas de un mismo prisma. Cuanto más pulido, mejor para todos.

Un ejemplo: los SSD —es decir, memorias de estado sólido— marcaron un progreso decisivo: los mismos ordenadores lograban ratios de carga de apps y transferencia de archivos mucho más veloces. Pero aún hay memorias más rápidas, las RAM. ¿Y si pudiéramos acceder a una memoria no volátil tal rápida como la segunda pero con el coste de la primera?

¿Qué es Intel Optane?

El primer intento por parte de Intel de usar una memoria de estado sólido para almacenamiento en caché se bautizó como Intel Turbo Memory. Era rápida, aunque en realidad se trataba de una tarjeta mini-PCIe con 1 GB de memoria flash para ser usada por las GPUs Windows Vista Ready Drive y la tecnología de caché Readyboost. Supuso un fracaso porque se trataba de una caché demasiado pequeña. La velocidad tampoco era tan turbo. Y no olvidemos el precio.

Todavía pasarían algunos años hasta que viera la luz Smart Response Technology (SRT) , un sistema de almacenamiento en caché para los controladores Intel Rapid Storage Technology (RST), con limitación de 64 GB y precios más interesantes. Las SSD MLC ganaron la batalla, pero Intel había plantado una interesante semilla.

Para Intel Optane, la empresa separó el software (Optane Memory) del hardware, de manera que podemos usar algunas funciones RST y otras no. Un sistema híbrido, dicho de otra forma.

Las Intel Optane son módulos de memoria persistente basada en 3D Xpoint, una tecnología desarrollada por Intel y Micron que logra tasas de velocidad hasta 1.000 veces más altas que una memoria flash. Una audaz alternativa a las distintas iteraciones de tecnología NAND o DRAM que supera notablemente los registros numéricos de estas. Incluso en cuanto a índices de resistencia y estrés de lectura.

No solo más rápida, también más inteligente

La memoria Intel Optane no utiliza inteligencia artificial, pero aprende de forma dinámica sobre nuestra forma de trabajar. ¿El resultado?: ejecución tareas hasta 2,2 veces más rápido. Al memorizar la forma en la que usamos el equipo, las Intel Optane mejoran los tiempos de inicio y ejecución de las apps. Las más frecuentes pasarán a ser la prioridad del sistema.

Esto también afecta a la velocidad con la que abrimos nuestros archivos. Se ha documentado un incremento de velocidad de 1,4 veces en la última generación de procesadores.

En el caso de las aplicaciones y archivos que mayor carga demandan, los videojuegos, el cambio se aprecia de forma más notoria —hasta 2,9 veces más rápido—: el sistema analiza qué juegos usamos más y agiliza su ejecución, la forma en la que realiza llamadas a los directorios donde se encuentran los archivos clave.

La meta de Intel Optane siempre ha sido la misma: lograr menos latencia y mayor velocidad. Tal es así que puede servir como una especie de memoria caché de apoyo para los tradicionales módulos RAM. Y ahí reside su virtud: actúa como puente entre los módulos de memoria virtual y física, apoya a la RAM y a las SSD, vitaminando a ambas y consiguiendo que el sistema fluya con una velocidad con evidentes mejoras.

El arranque del sistema, buscar archivos, guardar archivos de gran tamaño, arrancar aplicaciones, renderizar un vídeo, etcétera: todas estas funciones básicas, el pan de cada día frente a cualquier PC, se ven afectadas por este modelo híbrido.

Eso sí, para poder hacer un aprovechamiento de ellas nuestro sistema debe cumplir una serie de requisitos: chipsets de serie 200 en adelante —o un chipset móvil HM175, QM175 o CM238—, una bahía de conexión M2, procesador Kaby Lake o superior y un sistema operativo de 64 bits. Existe un amplio registro de FAQ donde conocer los requerimientos para usar estas memorias.

Y, aunque aún no se ha logrado el anhelado equilibrio entre coste y beneficio, Intel Optane aspira a precios muy competitivos. Y expandir las capacidades —más de 3 terabytes por socket de CPU—. De hecho, supera los ratios teóricos de los SSD NAND 3D y servirá como modelo teórico para las nuevas generaciones de tecnología de celda cuádruple (QLC).

Ultradelgado, ultraportátil

Los equipos portátiles, ya se trate de una tablet, un convertible o un laptop, siempre se enfrentarán al mismo problema: la relación entre espacio y peso. Los fabricantes buscan incrementar la potencia del chipset, la cantidad de batería, el espacio del disco. A cambio, sacrifican el peso total del gadget y el consumo total de energía.

Es aquí donde Intel Optane destaca como alternativa de futuro: menos gasto energético en una memoria compacta que ayuda a crear sistemas más rápidos, económicos y ligeros.

Si nos fijamos en equipos como el Acer Swift 3, nos encontramos con portátiles de apenas 1 cm de grosor y más de 10 horas de batería en una sola carga, pero también con un interior con un procesadores Intel Core 8th Gen con Intel Optane Memory , pudiendo elegir 8 GB de memoria Intel Optane o RAM DDR4, hasta 512 GB de SSD o incluso 1 TB HDD y una gráfica NVIDIA GeForce MX150 con 2 GB de memoria dedicada.

En suma, esta tecnología supone algo más que un añadido en el portafolio técnico del sistema: ha sido diseñada para jugar con los tamaños y pesos de los equipos. Y si la máxima de un equipo portátil es la movilidad y la ligereza, Intel Optane supone una solución específica a ambas necesidades. Equipos como el Swift 3 aspiran a ello.

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Israel Fernández