Todavía no ha llegado el 5G y ya estamos hablando de 6G: el nacimiento del “Internet de los Sentidos”

Si el 3G despertó la gestión de datos desde casi cualquier rincón y el 5G va a ser determinante en sectores como la industria, los servicios públicos, o la Banca, el salto al 6G promete una mayor estabilidad y rendimiento sin necesidad de depender de una conexión permanente a la nube. ¿Estamos soñando? No, planificando el futuro.

Pero, ¿qué es el 6G? El estándar en cuanto a redes de telecomunicaciones que sigue al 5G, un nuevo techo tecnológico que aumente la fiabilidad, eficiencia, capacidad de transmisión y recepción de datos y una interseccionalidad donde los cuellos de botella sean cosa del pasado.

Hablemos del 6G

Una fecha: entre 2030 y 2035. Y un salto: de los 10 gigabits por segundo a los 1.000 gigabits por segundo. Una velocidad diez veces superior, en teoría. ¿Y qué implica esto? Un ancho de banda muy superior que faculte, por ejemplo ver vídeos a 16K de forma masiva sin latencia, jugar en streaming a cualquier juego a 8K, sin problemas de latencia. El equivalente a descargar 100 películas en un segundo, si el SSD no bloquea ante semejante transferencia en lectura y escritura de datos.

Y ya no hablamos solo de transmisión de datos, sino de recopilado, procesado y elaborado de forma casi automática. Una densidad tal que incluso podríamos transmitir estas frecuencias a través de los océanos. Pero alcanzar estas frecuencias de terahercios requerirá más años de investigación e inversión tecnológica.

La realidad se impone: si el 5G utiliza un ancho de banda comprendido entre los 3,4 y 3,8 gigahercios y 24 y 27,5 gigahercios (GHz), este nuevo ancho de banda implicaría el uso de otros materiales que aprovechen otras frecuencias en el espectro, las bautizadas como THz Waves (de 95 GHz a 3 THz).

Qué podremos hacer (en teoría)

Como sucede siempre, hablar de las aplicaciones prácticas de una tecnología aún en investigación no es sino conjeturar y teorizar. Pero es que la teoría resulta muy prometedora: los vehículos autónomos dejarán de ser autistas que llanamente acometen órdenes, para ser coches que “leen” el entorno de forma similar a nosotros.

En cuanto a la Realidad Aumentada y Artificial, crecerá en dimensión. Se habla de un Internet de los sentidos en tanto en cuanto podamos interactuar con los objetos virtuales, desde hologramas táctiles a teletransporte virtual. Imagina un emoticono con forma de labios que te haga sentir ese beso en la mejilla, sin latencia, con una reacción de milisegundos. Esto es algo que ya exploró recientemente el episodio de Black Mirror ‘Striking Vipers’ y que aspira a ser una realidad dentro de 15 años.

En cuanto a portabilidad, los equipos no necesitarán poseer una gran potencia física, ya que el grueso de los procesos técnicos se llevará a cabo mediante el streaming de datos. Nacería, por tanto, una nueva familia de procesadores adaptados a este cambio.

¿Quienes llevan ventaja?

El Gobierno de Finlandia, como ya sucedió con el 2G, va en cabeza, con un presupuesto de 251 millones de euros para inyectar durante los próximos años. El proyecto 6FlagShip cuenta con un ingente número de patentes y su investigación va más allá de lo académico. El hogar de Nokia aspira a recuperar el liderazgo europeo.

Estados Unidos busca la corona mediante una inyección económica para preparar cuanto antes las infraestructuras a las nuevas conexiones, con la Federal Communications Commission en cabeza.

China, con Huawei como abanderado, tiene bastante claro que no va a dejarse amedrentar —en la actualidad han invertido cerca de 24.000 millones de dólares en infraestructuras y construido cerca de 350.000 torres de telefonía 5G—. Por supuesto, hablamos de un modelo teórico, aún ni siquiera se han cerrado los protocolos que definirán cómo se comportará el 6G en el mercado de las telecomunicaciones.

Entretanto, nuestra realidad impone la construcción de equipos más ligeros y eficientes, equipos portátiles como el Acer Aspire 5. Este equipo mide 17,95 mm de grosor y su peso apenas sobrepasa el kilogramo. Un auténtico peso pluma.

Y un modelo ideal para la portabilidad, para desplazarse a cualquier parte sin problemas de autonomía —gracias a una estimación de 11 horas de batería— y una señal inalámbrica uniforme y sin trabas gracias a las tecnologías Wi-Fi 5 (802.11ac) y MU-MIMO 2×2. 

En cuanto al almacenamiento, el Acer Aspire 5 ofrece distintas configuraciones con 16GB de memoria Intel Optane más 128 o 256 GB de memoria SSD. Hasta llegar a ese vertiginoso 1 TB por segundo tendremos que seguir esperando, pero al menos lo haremos en manos de la vanguardia.

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Israel Fernández