Aunque seas una persona empática, en el mundo digital te será casi imposible

¿Hay algún motivo por el que la gente se comporte peor en un ambiente digital? Las redes sociales a veces sacan lo peor de nosotros. El anonimato, el poco espacio para matizar, los trolls o la posibilidad de ser malinterpretada son alguna de las causas por las que la red puede volverse un entorno tóxico.

Al tiempo, un espacio de este estilo es capaz de convertir una persona empática en un monstruo. Muchas de nosotras recordamos algún momento en que hemos perdido los papeles virtuales. Algunas incluso nos hemos convertido en linchadoras profesionales que incitan al acoso. ¿Tenemos solución?

La dificultad para parecer amistoso

Uno de los mayores problemas del texto es que no se nos ve la cara. Cuando lanzamos un mensaje, por ejemplo “creo que estás equivocado”, la probabilidad de ser interpretado como un ataque es mucho más elevada que si la misma frase se dijese cara a cara, con un gesto agradable mediante.

Aquí los emojis pueden ayudarnos bastante, incluso aunque no tengas razón. 😜

En el mundo digital no hay espacio para el debate

Al tiempo, las redes sociales priman una forma de comunicación limitada. Si resulta muy difícil tener una conversación civilizada en redes como Twitter es, en parte, debido a que sus 280 caracteres siguen siendo pocos para aportar matices. Al no poder desarrollar el tema, la posibilidad de ser malinterpretados en formato digital es elevada.

Relativizar es clave. Es probable que tú y tu interlocutor tengáis más puntos en común de los que pudiera parecer.

El anonimato permite conductas inapropiadas

A todo esto se suma el anonimato y los trolls. En internet es fácil ocultar nuestra identidad, hacernos invisibles. ¿A alguien se le ocurre algo bueno que hacer con el superpoder de ser invisible? Probablemente, no.

Es importante pasar olímpicamente de los trolls, silenciándolos sin miramientos, así como ignorar a las personas poco educadas. Si te insultan, bloqueo al canto y a otro tema. Cuando a mí me atacan, cierro la aplicación (de alguna red social incluso me he ido) y dedico mi tiempo a algo más interesante.

Cuando ocurre algo así, apago el móvil y enciendo el portátil. Tengo un Acer Swift 3 con el que me dedico a diseñar gifs y otras creatividades. La tarjeta NVIDIA GeForce me permite renderizar rápidamente y editar imágenes, y la pantalla de alta resolución (2256×1504) hace más fácil el trabajo. A menudo hago memes.

enfado en internet redes sociales digital

Polarización: o conmigo o contra mí

Todo lo anterior lleva consigo otras consecuencias. Una de ellas es la polarización de opiniones. Al no haber espacio para el debate, una no puede posicionarse parcialmente a favor de algo. Lo hemos visto recientemente con el coronavirus: si señalabas lo que hacía bien Wuhan, eras considerada afín a la tiranía china. En internet se suele tomar el todo por la parte, y los packs ideológicos son una realidad. Las zonas grises son atacadas por ambos frentes.

Es importante no entrar en debates sin datos objetivos, evitando opinar sin saber y, si es posible, no atacar datos con opiniones.

La facilidad de enfrentamiento digital

“Caballero, es usted un nazi”. Dice la Ley de Godwin que, a medida que una conversación en línea se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación que mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno. En internet, es frecuente comparar a cualquiera que no piense como tú como un nazi. ¿No apoya tu modelo económico? Nazi. ¿Ha votado a otro partido? Nazi. ¿Critica a tu autor favorito? SUPERNAZI.

Tenemos que empezar a interactuar con otros partiendo de la base de que no tiene por qué opinar como nosotros y, aún más difícil, considerando la posibilidad de estar equivocados.

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Imágenes | Andre Hunter, FuYong Hua

Alma Landri