Del telégrafo óptico de Chappe a las redes de telecomunicaciones globales por fibra

Resulta apasionante saber cómo han cambiado las telecomunicaciones en apenas unos siglos. Entender cómo mensajes que tardaban meses en barco apenas llevan unas décimas de segundo en dar la vuelta al mundo.

Hubo un momento en que hacía falta meses para entregar una carta. Hoy en día, los electrones se mueven dentro de los ordenadores punteros como el Predator Helios 300 a una velocidad que en el pasado no podía ni soñarse.

Sobre todo, llama la atención lo antiguas que son las telecomunicaciones por cable. ¿Sabías que el primer telégrafo óptico es de 1800? ¿O que los primeros cables transatlánticos fueron colocados por barcos de madera?

El telégrafo óptico de Chappe

La historia de las telecomunicaciones modernas arrancan con los hermanos Chappe en 1792. Contra todo pronóstico, los cuatro se habían quedado sin empleo ese año, y optaron por la emprendeduría. Liderados por Claude Chappe diseñaron un sistema de comunicaciones hoy rudimentario.

Sobre una estructura elevada (una torre, por ejemplo) colocaron un mástil rígido vertical unido en su punto más alto a la mitad de una viga capaz de girar 360º. En los extremos de esta colocaron otros dos tablones más, más pequeños, como aparece más abajo, a la izquierda:

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Usando un alfabeto sencillo (arriba, centro), la idea era que cada 20-25 km hubiese un “repetidor” óptico para transmitir el mensaje. Pese a su burdo mecanismo –fue criticado por dibujantes como Rodolphe Töpffer (1831, arriba a la derecha)– se instaló durante décadas, y funcionaba a la perfección.

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Llegó a tener 500 estaciones y a cubrir más de 5.500 kilómetros a lo largo de toda Francia. En España y otros países se copió el sistema y se simplificó gracias a ingenieros como Agustín de Betancourt. La línea semafórica Madrid-Cádiz alcanzó el récord del envío de información en dos horas. Tecnología punta.

Durante unos años se pensó que las telecomunicaciones habían llegado a su límite. Sin embargo, la electricidad llevaba tiempo palpitando, y lo cambiaría todo para siempre.

El telégrafo eléctrico y las comunicaciones “rápidas”

Casi todos hemos oído hablar de Morse, el ingeniero que inventó el telégrafo eléctrico en 1836. Sin embargo, hubo muchos precedentes. Schilling, padre de la tecnología de telegrafía eléctrica, se había dado cuenta de que aplicando potencial a un cable era posible “lanzar” información en su longitud.

El primero de estos inventos se parecía mucho a un piano (el de Hughes, bajo estas líneas, usaría años más tarde el mismo diseño). Schilling construyó dos de estas máquinas en su apartamento. El 21 de octubre de 1832 consiguió enviar mensajes de uno a otro, y en 1836 se realizó una prueba a través de un cable de 5 km de largo, una propuesta del zar Nicolás I de Rusia.

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Hubo muchos inventos e inventores: Gauss, Weber, Alter, Elderton… Sin embargo, Samuel Morse se bajó de un barco un día de 1836, el primer día que oyó hablar sobre el electromagnetismo. Se obsesionó tanto con la idea que en un año se había convertido en el mayor experto mundial.

El 6 de enero de 1838 probó con éxito su idea, y las líneas telefónicas empezaron a recorrer los Estados Unidos y el viejo continente. Primero para dar servicio a las grandes ciudades y la comunicación entre ellas. Luego la línea se ramificó hasta acabar cubriendo todos los países.

Pese a las buenas noticias, había un ligero escollo en las comunicaciones mundiales. Una joven masa de agua de tan solo 200 millones de años y 4.870 kilómetros de ancho a la que llamamos Océano Atlántico se interponía al desarrollo de la economía mundial.

Cables de cobre por debajo del agua

Hacia 1850 resultaba evidente que la tecnología del cable no estaba lo suficientemente desarrollada como para cruzar el Atlántico. Pero esto no impidió que Cyrus West Field, un hombre de negocios, intentase unir ambos continentes a través de Terranova en 1853.

El 1850 el Goliath, un pequeño remolcador inglés, había sido capaz de tender un cable de 38 km de largo en el Paso de Calés. Es la zona más angosta del Canal de la Mancha. Duró unas dos horas, hasta que un pescador local decidió cortarlo creyendo que había encontrado una rara criatura marina de núcleo metálico.

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Cuatro años más tarde casi todos los mares estaban cubiertos de cables. El grabado de arriba pertenece a la costa de La Spezia. Puede verse cómo decenas de personas tiran de un cable que une Francia con África. Mientras tanto, Field seguía buscando financiación para su locura atlántica.

Los primeros cables transatlánticos, colocados por barcos de madera

En 1856 Field consiguió que la Corona Británica financiase 3.500 km de cable oceánico. Además del uso de los barcos de guerra Agamemnon y Niagara, ambos de madera, que lo tenderían desde Valentia (Irlanda). El primer intento, el 6 de agosto de 1857 fue un completo fracaso. Tras desplegar 539 km de cable este se partió y el extremo se hundió en las profundidades.

Hemos de pensar que estos cables eran grandes, largos, y pesaban muchísimo. El capitán del Agamemnon estaba preocupado porque el barco crujía bajo el peso del cable. Incluso hubo que aligerar la carga, y los más de 50 cañones fueron dejados en la costa irlandesa. El barco era todo un enorme cable enrollado.

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No queda muy claro cómo, pero el 26 de junio de 1850 Cyrus West Field había conseguido de nuevo que la Corona le cediese ambos barcos y que le pagase el cable perdido. Esta vez el Agamemnon y el Niagara avanzaron hasta mitad de camino y empezaron a tender cable hacia Terranova y Valentia.

Unos días más tarde, con casi mil kilómetros de cable desplegado, la mayor tormenta atlántica registrada hasta la fecha partió el cable entre ambos barcos. Al no lograr comunicación entre sí, tuvieron que dejar caer ambos extremos al fondo, y empezar de nuevo. Tercer intento millonario, de nuevo infructuoso.

La moral de la tripulación era horrible, y apenas tenían víveres. Tuvieron que volver a la costa a por comida y agua. Y a por más cable, por supuesto. Unos días más tarde el Agamemnon intentaba un cuarto intento que casi le cuesta la vida a la tripulación.

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Estuvo a punto de hundirse tres veces, y en un determinado momento, ¡un enorme grupo de ballenas empezaron jugar con el cable! W. H. Russell recogió la escena en el grabado de abajo. Un par de marineros no soportaron la situación, tuvieron brotes psicóticos e incluso tuvieron que ser encerrados. La tensión era palpable.

Por suerte el cable no se partió, y el 5 de agosto de 1858 ambos barcos llegaron a puerto. Es una fecha histórica. Se hicieron los últimos dos empalmes, de punta a punta. Durante un mes, el mundo estuvo unido. Luego, el cable dejó de funcionar por algún motivo desconocido. Pero ya no importaba, la hazaña era posible, y pronto miles de barcos empezaron a tejer el mundo.

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La fibra óptica aportó la velocidad del Internet moderno

Algunos de los primeros cables oceánicos tendidos en 1860 siguieron dando servicio hasta hace muy poco. Si el lector ha escuchado el crujido característico del módem de los ochenta es posible que los haya usado. Sin embargo, la fibra óptica los desplazaría en pocos años.

En 1840, cuando los primeros cables de cobre empezaron a recorrer América del Norte, en París se empezaba a fraguar un futuro que vería la luz 150 años después. Jean-Daniel Colladon y Jacques Babinet iniciaron una serie de experimentos con luz en placas de cristal.

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La fibra óptica, en un inicio, fue precisamente eso: dos placas de cristal enrolladas sobre sí mismas formando un tubo. En el interior del tubo, un nervio de un tipo de cristal estaba abrazado por una funda de un cristal de características diferentes. La luz rebotaba por el interior de un extremo a otro del tubo.

Lo que ocurrió a mediados de 1950 es que se hizo uso de materiales más flexibles y procesos de mayor calidad. La Universidad de Míchigan (1956) hizo posible enviar luz de forma controlada a través de un diminuto tubo de fibra de dos capas en distancias “inmensas” de unos nueve metros. El resto es historia.

El proceso se mejoró y se desarrollaron nuevos materiales. Nuevos barcos (esta vez de metal) volvieron a recorrer los mares y océanos del mundo por las mismas rutas que el Agamemnon y el Niagara.

Los continentes se acercaron unos a otros, y el mundo fue uno, hasta ahora. Nos sentamos delante de nuestro Predator Helios 300 de última generación, lo encendemos, y estamos conectados a todo el globo.

 

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Imágenes | iStock/ricochet64, Louis Figuier, Patrick87, Rodolphe Töpffer, Fuente desconocida, Olaf, The Illustrated London News (1854), iStock/kirisa99, W. H. RUSSELL, Atlantic Cable, iStock/kynny

Marcos Martínez @euklidiadas