¿Estamos enseñando a las nuevas generaciones a usar tecnología?

La tecnología lleva con nosotros desde que usamos ramas para ayudarnos en labores básicas, cientos de miles de años atrás. Sin embargo, la ciencia actual avanza a un ritmo exponencial. Sus desarrollos (máquinas, dispositivos, wearables, gadgets) surgen en todo ámbito. ¿Sabemos usarlas racionalmente?

Y, lo que es más importante: ¿hemos aprendido a manejarlas de forma que podamos enseñar a usar la tecnología a las nuevas generaciones? ¿Sabemos enseñar sobre su buen uso? ¿La estamos aplicando correctamente o, por el contrario, esperamos a que nuestros hijos aprendan solos?

Tecnología, ¿de padres a hijos?

La mayoría de las personas de mi generación, no soy ninguna excepción, hemos sido instruidos por nuestros padres en el uso de algunas aplicaciones tecnológicas. Recuerdo a mi madre enseñándome a usar el teclado y el editor de texto de Microsoft para el primer trabajo del colegio que hice a ordenador.

Era uno de aquellos PCs con pantalla de tubo catódico, un panel protector frontal en pantalla curva y Windows 95. Hoy un portátil como el Acer Swift 5 (abajo) podría esconderse sin problema tras los dos centímetros de mi teclado, y su pantalla Full HD IPS dejar pequeño aquella enorme luna de baja tasa de refresco.

acer swift 5 diseno pequeno

Algo parecido lleva ocurriendo milenios. La generación anterior transmite lo que sabe del uso de las máquinas a la siguiente. Con este aprendizaje supervisado también se corregían desviaciones como un mal uso de los mismos, a menudo desde el lado de la seguridad de uso. Pero, ¿está pasando esto con la tecnología actual?

Esta avanza a pasos tan rápidos que muchos padres se pierden en el proceso. En las últimas décadas hemos asistido a un cambio importante. Por primera vez en la historia las nuevas generaciones no tienen un ejemplo de uso racional de la tecnología. En muchos casos son los que instruyen a sus padres sobre el uso de WhatsApp, las redes sociales o las fotografías.

Acompañar a nuestros hijos, sin restringir

Según el Estudio General de Medios (EGM) de la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación, el 57,4% de los niños entre 4 y 13 años entraban en internet desde todo tipo de dispositivos en 2012. En el año 2017 el porcentaje ascendía al 64,2%, y hoy probablemente sea mayor.

Los menores cada vez tienen un mayor contacto con la tecnología, y según los expertos es prioritario acompañarles. La supervisión durante los primeros años de uso ha de ser total al principio y estrecha después hasta que los pequeños sepan desenvolverse con soltura y seguridad.

Judi Warren, antigua presidenta de la Web  Wise Kids (hoy sin mantenimiento), comentó para la CNN que «se necesita un esfuerzo unificado para mantener seguros a los niños en internet [que] tiene que comenzar con los padres, ya que tiene que empezar desde muy jóvenes».

Esto no implica necesariamente restringir el uso de la tecnología. De hecho, según el estudio ‘Parent’s Influence on Acquiring Critical Internet Skills’ (2017) su principal investigadora, María Sánchez-Valle, llega a la conclusión de que «los padres que imponen menos restricciones en internet potencian las habilidades críticas de sus hijos». Tendremos que encontrar cierto equilibrio.

¿Abusan los jóvenes de los dispositivos?

El abuso y la adicción suele venir representada por sustancias en el ideario colectivo, pero diferentes comportamientos del mal uso de la tecnología han hecho que salten algunas alarmas. Uno de los últimos estudios sobre el tema lo encontramos en el ‘Uso y abuso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación por adolescentes’.

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De 2.341 adolescentes de 15 y 16 años de la ciudad de Madrid, el 13,2% de ellos mostraban «una clara dependencia comportamental en el uso de la red» y un 23,3% mantienen una «conducta de uso abusiva», con foco en las mujeres. Esto significa que herramientas útiles se usan mal, generalmente smartphones.

Como ejemplo, pasarse muchas horas haciendo uso de dispositivos no tiene por qué suponer una adicción. La mayoría de los adultos trabajamos al menos ocho horas delante de una pantalla y no está considerado abuso. La tecnología es una herramienta, y bien usada resulta útil.

Pero ser incapaz de controlarnos para usar de forma compulsiva el móvil, modificar nuestro comportamiento hasta volvernos agresivos cuando nos lo retiran, o depender de ellos para sentirnos bien, por otro lado, sí son indicios claros de dependencia. Y se aconseja acudir a un psicólogo si vemos estos casos.

De esto hablan los psicólogos Marc Masip, autor del libro ‘Desconecta’ (2018), y Adam Alter, autor del libro ‘Irresistible: ¿Quién nos ha convertido en yonquis tecnológicos?’. Ambos destacan la importancia de la supervisión y guiado de los adultos cercanos al usar las nuevas tecnologías.

¿Por qué nos cuesta enseñar a usar los dispositivos?

Una respuesta rápida, aunque poco profunda, es que cada vez entendemos menos la tecnología. Por todas partes observamos eventos como conductores que no saben por dónde se echaba gasolina a un coche eléctrico (tal cuál, abajo) o niños que no entienden por qué una revista no hace zoom al pasar los dedos.

Cada generación de dispositivos acerca más nuestra vida a la concepción “mágica” que otorgaba Arthur C. Clarke para aquellos desarrollos demasiado avanzados como para ser comprendidos. Pensemos en portátiles de última generación como el Acer Swift 5 mencionado arriba.

Este ordenador ha logrado que toda su electrónica ocupe un volumen ínfimo y que su peso pase por debajo de un kilogramo. Gracias a sus características somos capaces de usarlo con facilidad, pero esto dista mucho de entender cómo funciona y cómo hace lo que hace.

De ahí que los diferentes diseñadores se centren cada vez más en usabilidad y ergonomía. Aunque sin duda es interesante, los usuarios no suelen estar muy interesados en saber por qué un chip Intel de octava generación es mejor que uno de la generación anterior; pero sí quieren que la tecnología sea fácil.

Hacer la tecnología más sencilla

La antropóloga Amber Case lleva tiempo estudiando la interacción entre personas y tecnologías. Hace bastante que descubrió una serie de principios básicos que toda tecnología debería tener. Que fuese sencilla de usar, no invasiva o que priorizarse un buen uso eran algunos de sus pilares.

Su libro, ‘Calm technology’ (2015, tecnología calmada) sienta bases como que la tecnología funcione bien incluso cuando esté estropeada. Es decir, que tenga cierta resiliencia. Como los frenos de un ascensor, que saltan cuando se va la corriente y mejoran la seguridad incluso cuando todo lo demás va mal.

Tendremos que empezar a diseñar redes sociales que fomenten un buen uso, programas y aplicaciones que sean fáciles de usar y no generen dependencia, y tecnología que nos ayude a estar más unidos entre nosotros, entre otros puntos.

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