La historia tras el teclado: así se ideó y nació el periférico más imprescindible

El teclado es un periférico que nos ha acompañado durante décadas, más aún en equipos de sobremesa en los que es una pieza fundamental en nuestro escritorio. Junto al ratón, forma una dupla que, en el caso del Acer Predator Orion 3000, nos permite sacarle el máximo partido a sus componentes —Intel Core i5, gráfica NVidia GTX 1050 Ti, almacenamiento SSD, 8 GB de memoria RAM DDR4— en juegos como Fortnite o Apex.

Aunque casi desde tiempos inmemoriales ha estado ahí, a algunos de vez en cuando nos gusta mirar atrás y pensar en la historia de esta tecnología: ¿cuál es el origen del teclado? ¿Por qué tiene esa curiosa distribución de teclas? Y, mirando hacia adelante, ¿qué futuro le espera al teclado?

El origen del teclado

Para acercarnos a los orígenes del teclado de ordenador actual tenemos que pasar, en primer lugar, por las máquinas de escribir, precursoras en muchos sentidos de las computadoras. Aún siguen existiendo en ciertas oficinas, con su característico sonido y su distribución de teclas muy similar a la de cualquier teclado actual.

Las máquinas de escribir estuvieron muy presentes hasta aproximadamente las décadas de los 80 y 90 del siglo pasado, cuando fueron reemplazadas en su mayoría por ordenadores. Una evolución de las imprentas que permitía, al pulsar sobre una tecla, plasmar ese carácter sobre el papel.

El origen de las máquinas de escribir nos remonta, a su vez, al siglo XIX. Las primeras máquinas de escribir comenzaron a idearse en torno al 1870, y fue Christopher Latham Sholes quien consiguió crear la primera patente y a comercializar las primeras unidades a pequeña escala.

Latham Sholes ofreció su invento a una gran empresa de armas de fuego, la Remington Company, que comenzó a fabricar sus primeros modelos en 1973 para su venta masiva. Especialmente importante fue la Remington No. 2, lanzada al mercado en 1892 y que comenzó a ser uno de los modelos más reconocidos.

Además de Remington, muchos otros fabricantes comenzaron a lanzar al mercado sus respectivos modelos. Las míticas Underwood, las ubicuas IBM o las clásicas Olivetti, han estado presentes en millones de oficinas del mundo entero. También existieron algunos modelos eléctricos desde el 1960 en adelante, con nuevas características y funcionalidades respecto a las máquinas mecánicas.

A medida que los ordenadores fueron evolucionando e incorporándose al mercado, heredaron el teclado existente en las máquinas de escribir. Christopher Latham Sholes, que murió en 1890, nunca llegó a ser consciente de que unas cuantas decenas de años después de su patente, millones y millones de artilugios en el mundo utilizarían su invención.

Las tecnologías que existen en teclados son muy diversas y, como no podía ser de otro modo, han evolucionado significativamente con el paso de los años.

De membrana o mecánicos —los dos grandes grupos de teclados actuales—, todos ellos continúan utilizando los fundamentos básicos de los teclados de las máquinas de escribir, especialmente de los últimos modelos eléctricos. Y también mantienen algo a lo que muchos ni siquiera habrán dado importancia nunca: la distribución de las teclas.

La distribución QWERTY (y todas las demás)

Tres filas que almacenan todas las letras del alfabeto con un orden que, a priori, es irracional. Muchos sabemos, sin mirar, dónde está cada letra, fruto del entrenamiento y del uso continuado durante muchos años, varias horas al día.

El porqué de que las teclas estén organizadas de este modo se lo debemos también a Christopher Latham Shole que, cuando inventó la máquina de escribir, también incorporó la distribución de teclas QWERTY. Previamente había algunos otros artilugios, como la Hansen Writting Ball, muy diferentes y que no tuvieron prácticamente recorrido.

Así pues, el origen de la distribución QWERTY es precisamente la máquina de escribir de Latham Sholes, concretamente el primer modelo: la Sholes & Glidden Type-Writer, fabricada por Remington y comercialiada a partir de 1974. En total se fabricaron unas 5000 unidades.

¿Por qué la distribución más conocida y utilizada en teclados es, precisamente, QWERTY? El principal consenso está en que las letras más utilizadas en el alfabeto están separadas entre si por otras menos usadas. Esto hacía que en las máquinas de escribir mecánicas originales, las teclas se golpeasen internamente las unas con las otras con menor frecuencia.

Algunos expertos dicen, sin citar el origen de la información, que la distribución QWERTY se ideó para que los comerciales pidiesen escribir a los potenciales clientes la palabra ‘typewriter’, demostrando lo sencillo que era y, curiosamente, sólo con letras pertenecientes a la fila superior.

Old typewriter

Dando por cierto que la razón de la distribución QWERTY se ideó para evitar ese golpeo entre las teclas más comunes, más tarde se ha llegado a demostrar que otras disposiciones de teclas, como la Dvorak, están más optimizadas para la escritura. Sin embargo, la semilla ya había germinado: el uso masivo primero de las máquinas de escribir, y luego de los teclados de ordenador, había hecho que los usuarios se acostumbrasen a la QWERTY.

A ella se fueron añadiendo algunas teclas adicionales (en ordenadores, por ejemplo, las teclas de Función, en portátiles las teclas Fn, las teclas de flecha o el teclado numérico de la derecha, etc.), e incluso se han visto algunas variaciones respecto a la distribución QWERTY.

Los que hayáis viajado a Alemania os habréis fijado en que la distribución que usan allí es la QWERTZ (sí, sólo intercambian la Y por la Z), y ya en desuso se encuentra la HCESAR portuguesa. Sin embargo, la más característica es la AZERTY, utilizada en Francia y otros países francófonos. La cosa es más divertida todavía en países como Canadá, cuyas lenguas oficiales son tanto el inglés (QWERTY) como el francés (AZERTY), aunque es mayoritario el uso de la primera.

Old Typewriter
Psion Series 3 AZERTY

A mayores hay otras distribuciones con cambios menores. Por ejemplo en España utilizamos teclados QWERTY de 105 teclas para incorporar la Ñ, y en general hay teclados para casi cada idioma que use caracteres latinos, y que permite introducir las características propias de cada uno. Por ejemplo, las múltiples tildes que existen, símbolos como ç, etc.

Tampoco hemos hablado de las distribuciones que no utilizan caracteres latinos, como por ejemplo las usadas en Rusia y países balcánicos, las árabes o las asiáticas para chino, japonés, vietnamita, etc. En ocasiones, los teclados de estos países utilizan ‘etiquetas dobles’ que por un lado siguen una distribución QWERTY, y por otro incorporan las teclas habituales de cada idioma.

¿Qué futuro le espera al teclado?

Tras siglo y medio de QWERTY en el mercado, en diferentes dispositivos y habiendo batido a otras distribuciones diferentes, parece claro que QWERTY ha llegado para quedarse. La duda que nos queda es, ¿cuánto tiempo le queda al teclado?

colored keyboard

De las máquinas de escribir mecánicas a las electrónicas y luego a los ordenadores, el teclado siempre ha estado ahí. En los últimos años, con la llegada de los smartphones, tables y compañía, los teclados han pasado a ser virtuales, integrados en las pantallas de los dispositivos. Una evolución que mantiene el concepto que conocemos de teclado.

Sin embargo, la tendencia es que en el futuro dejaremos de ‘pulsar teclas’, sean físicas o virtuales, y le daremos ordenes de voz al ordenador a través de un asistente. Esto es algo cada vez más habitual ya que los sistemas de reconocimiento de voz son cada vez más eficaces y permiten reconocer ahora mejor que nunca nuestra voz. Si nos ponemos en un mundo de ciencia-ficción, investigaciones con décadas de experiencia nos llevan a pensar que en un futuro más lejano ni siquiera tendremos que hablar o dictar: el dispositivo nos ‘leerá’ el cerebro directamente para saber qué queremos escribir.

Pero no adelantemos acontecimientos. El teclado lleva acompañándonos ya ciento cincuenta años y seguirá haciéndolo muchos más. Nuevos formatos y nuevos usos, pero todos ellos teclados heredados del original planteado por Latham Sholes en el siglo XIX.

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