La inteligencia artificial no tiene por qué ser consciente

Los seres humanos cometemos con frecuencia el error de analizarlo todo desde nuestra perspectiva. Esto, que recibe el nombre de antropomorfización, y es la causa de que consideremos al resto de animales como “no inteligentes”. También es el motivo por el que pensamos que “inteligencia artificial” es un oxímoron.

Después de todo, ¿cómo va a ser la IA realmente inteligente si probablemente nunca adquiera conciencia? La clave para solucionar la pregunta es otra pregunta: ¿Necesita consciencia la inteligencia? Lo cierto es que no lo sabemos.

¿Son las máquinas actuales inteligentes?

¿Lo era el pulpo Paul? Cuando medimos la inteligencia, tendemos a compararla con la humana. Así, una máquina que sea capaz de jugar a las damas mejor que una persona será más inteligente en esa tarea específica. Pero hoy sabemos que hay un gran abanico de inteligencias, y el análisis que aporta la inteligencia matemática (el que usan las máquinas) es solo una de ellas.

Lo que aún no hacen las máquinas es pensar fuera de la caja. Idear, inventar, crear. Hacer algo para lo que no estaban diseñadas. Y lo cierto es que tampoco son capaces de ser inteligentes en más de un campo. Una IA capaz de conducir no podrá jugar al ajedrez, o viceversa.Pero dos inteligencias artificiales cada una con una de estas habilidades, junto con una tercera que les ayude a elegir en cuál de las dos situaciones se encuentran, formarán un equipo excelente. Si seguimos agregando habilidades al conjunto, eventualmente tendremos una IA que parecerá muy lista. Pero, ¿sabrá que es muy lista?

inteligencia no consciente

“Si tu cerebro es un smartphone, la consciencia es la pantalla”

Uno de los grandes problemas sobre la posible psicología de la inteligencia artificial es que aún seguimos debatiendo sobre la humana. Si la IA trata de parecerse a nuestra inteligencia, y no somos capaces de definir esta última, será difícil simularla. Y uno de los grandes escollos de este problema es el de desenmarañar la consciencia.

A nivel de circuito electrónico, la consciencia es lo que los programadores llamarían una “señal de retorno”. Es un flujo de información inconsciente pero que somos capaces de percibir. Algo así como cuando un termostato “sabe” que tiene que encender la caldera porque aún hace frío.

El catedrático de filosofía Daniel Dennett lo explica perfectamente con una metáfora. “Si tu cerebro es un smartphone, la consciencia es la pantalla”. Lo que aparece en la pantalla de un teléfono (consciencia), o un ordenador, se fragua muchos milisegundos antes en el procesador del dispositivo (cerebro).

Es decir, la consciencia de hacer algo aparece mucho tiempo después de que el cerebro haya tomado una decisión. Esto lo demuestra el experimento de Libet y sus réplicas. En ellas se mide cómo la decisión de pulsar un botón se toma unos 350 milisegundos antes de ser conscientes de ella.

¿Necesita una inteligencia artificial ser consciente?

Lo cierto es que no. Esto lo sabemos con total seguridad porque las IA que usamos en nuestro día a no son autoconscientes. Son útiles, eso sí, y de momento con eso nos basta. Hoy día no necesitamos una inteligencia artificial capaz de imitar a la perfección a un cerebro humano, sino una IA que nos ayude a resolver pequeños problemas a los que no llegamos.

Las IA actuales —las consideremos o no inteligentes— nos ayudan a alcanzar conclusiones imposibles sin ellas, o que habrían tardado decenas de miles de años en ser calculadas de forma manual. Por ejemplo, en otro experimento muy interesante se descubrió que los médicos detectaban células cancerosas en un 96,6% de las veces. Las máquinas, solo en un 92,5%. Pero juntos lograban un 99,5% de aciertos.

Como dice el pensador Yuval Noah Harari en su libro ‘Homo Deus’ (2015), “los ordenadores [actuales] no son más conscientes que sus prototipos de 1950 […] Sin embargo, estamos desarrollando nuevos tipos de inteligencia no consciente que pueden realizar tareas mucho mejor que los humanos”.

La película ‘Her’ (2013) nos mostraba un sistema operativo plenamente consciente. Sin embargo, la mayoría de nosotros no necesita un ordenador para conversar, sino para escribir textos, entrar en internet, editar fotos, o jugar a videojuegos.

Para estas funciones ya hay en el mercado dispositivos perfectamente adaptados, como el Predator Triton 500 (arriba), que llegará en 2019 con procesadores Intel Core de 8ª generación y tarjeta gráfica NVIDIA GeForce RTX 2080. Es posible que en unas décadas la IA sea consciente, pero hemos de preguntarnos: ¿lo necesitamos?

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Imágenes | iStock/Andrey Bryzgalov, iStock/Merlinus74

Alma Landri