Las cinco características clave para elegir tu modelo idílico: cómo comparar portátiles

El mercado portátil es, con permiso del smartphone, el nicho más vasto de la industria tecnológica. Existen miles de modelos adaptados a miles de necesidades. Y ese es el hándicap: a mayor oferta, más difícil es dar con el modelo ideal. Se trata de un desafío en el que nos topamos con distintas familias (ultrabooks, convertibles, clásicos, gaming, netbooks) y tipologías.

Por suerte, todos los ordenadores portátiles pueden agruparse en una serie de puntos comunes. Así es como podemos comparar y encontrar el portátil idílico.

Batería: ¿cantidad o efectividad?

La clave, desde luego, reside en nosotros, los consumidores: ¿qué necesitamos, un sistema multipropósito, solo buscamos consultar Gmail y ver alguna serie al caer la tarde o preferimos un equipo gaming? Cuando los videojuegos entran en escena ya sabemos que tendremos que apostar alto en todos los sentidos: desde un buen teclado con macros hasta salida USB 3.1 para ratón mecánico pasando por una gráfica que demandará más recursos.

Si necesitamos nuestro equipo siempre cargado, dos apuntes: piensa en tecnología de carga rápida y en pantallas de menores dimensiones. El principal desgaste de la batería se produce en la iluminación de la pantalla. A menor cantidad de pulgadas, menor demanda energética.

Si trabajamos en casa, cerca de una toma de corriente, la batería no supone el menor problema, ya que acabaremos por convertir el sistema portátil en un sobremesa. Pero si somos un usuario itinerante, que necesita desplazarse en transporte público, viajar de casa a la oficina o realizar pruebas en exteriores, las necesidades cambian. Necesitaremos horas de autonomía.

Hoy día ya no es tan importante la cantidad de batería —la cantidad de celdas instaladas— como el aprovechamiento que se haga de la misma. Es decir, se requiere una gestión inteligente de la cantidad de energía que aprovecha el sistema para hacer funcionar su hardware. Equipos como el Acer Nitro 5 montan un minúsculo chipset de 14 nanómetros y un procesador de 8ª generación para alimentar 15,6 pulgadas durante una sesión continua de 6 horas.

Tipo y construcción de pantalla

Full HD, como resolución mínima

La pantalla es el principal elemento con el que interactuamos. Y, en pleno 2018, todo lo que baje de resolución Full HD no merece nuestra atención. Lo que entendemos por ready HD es una opción en equipos de 8-10 pulgadas, no en un portátil. Resoluciones inferiores solo lograrán que nos duela la cabeza al prestar atención a los objetos más difusos. Idealmente debemos apostar por un equipo de 11 a 17 pulgadas.

Si somos estudiantes universitarios, con 14’’ vamos servidos. Tendremos un equipo contenido de peso ligero y transportable para llevar en una mochila o bajo el brazo. Eso sí, en estos casos conviene pagar un poco más e invertir en un panel antirreflejos. No necesitamos invertir en un LCD IPS, puede servirnos incluso un panel VA (Vertical Aligment), MVA o TN (Twisted Nematic), habitual en la gama de entrada.

Si, por contra, trabajamos en edición de imagen o vídeo, el tamaño es capital: 15,6 pulgadas o incluso 17 serían una buena opción para aquellos usuarios que se encargan de editar cartelería o retoque fotográfico, incluso para youtubers que toman recursos en exteriores. En estos escenarios, no debemos invertir en paneles que distorsionen el color o modifiquen los valores.

Un ojo a otras especificaciones técnicas del panel

También debemos revisar la nitidez, iluminación máxima (en torno a los 300 cmd) y relación de contraste (idealmente de 1000:1 o superior). Y, por último, podríamos fijarnos en valores más técnicos, como el tipo de marca y su proporción pantalla-frontal (la media está en torno al 80%) y el ángulo de visión, es decir, la cantidad de inclinación desde la que podemos visualizar la pantalla sin deformaciones de color o imagen.

Otro apunte para gamers, la velocidad de refresco: si vamos a jugar a shooters o juegos online, debemos echar nuestro ojo a paneles de 120 y 144Hz. Una alta velocidad de actualización nos ayudará a ver los juegos con mayor suavidad, nuestra vista se cansará menos y la sensación de inmersión será más alta.

Peso y dimensiones, claves de movilidad

Por supuesto, dependiendo del tamaño del panel, así será el peso total del equipo. En el peso también intervienen otros factores: la diferencia entre disco de estado sólido y disco mecánico, el tipo de refrigeración y la cantidad de batería. Si no necesitamos mucho almacenamiento porque no jugamos y nuestra suite de herramientas cuenta con copia en la nube, un SSD de 128-256 GB será más que suficiente y ahorraremos un montón de espacio extra.

Si nos gusta tener siempre 4-5 juegos instalados, nos tocará decantarnos por un equipo híbrido o un disco mecánico de 1 TB, que aumentará el grosor y peso total del ordenador por unos pocos euros extra. Es, además, la mejor forma de ahorrar un buen dinero: un SSD NVMe M.2 para los instaladores, para arranques más rápidos, y una unidad mecánica SATA para las bibliotecas de archivos, más lentos y ruidosos, pero seguros.

Asimismo, hay que tener en cuenta el tipo de refrigeración: los equipos gaming usan refrigeración líquida mediante caloductos alrededor de toda la carcasa o ventiladores de gran volumen que garantizan mantener la máquina fresquita entre nuestras maratones. Para ahorrar un extra de peso, siempre podremos dejar el cargador en casa o en el trabajo.

En cuanto al tipo de uso, los sistemas convertibles cuentan con la ventaja del uso múltiple, con funciones táctiles y presentación en escaparate. Pero rara vez montan un disco duro mecánico, ya que afectaría al tipo de diseño: sería imposible apostar por equipos más ligeros. Si lo nuestro es la estilización, la construcción unibody y el uso de materiales como aluminio o magnesio, ya podemos olvidarnos de un mamotreto gaming.

Tarjeta gráfica dedicada o integrada

Existe una máxima a tener en cuenta: no siempre podremos jugar a todo lo que queramos. Ni siquiera algunos sobremesa preparados para esta función pueden con los juegos más punteros de la actualidad a resolución 4K y 60 frames por segundo. Esto no significa que debamos tirar la toalla, sino enfocar nuestra necesidad.

Por suerte, a partir de 1.000 € es bastante fácil encontrar equipos que muevan la última hornada de títulos a 1080p. El Nitro 5 de Acer, el cual analizamos hace algún tiempo, planta cara gracias a un sistema híbrido compuesto por una tarjeta dedicada y un chip gráfico de apoyo. Cuando solo estamos editando un documento de texto, el chip Intel UHD Graphics 630 se responsabiliza de toda la carga visual. Cuando abrimos Steam y arrancamos algún juego, la Nvidia GeForce GTX 1050 Ti 4 GB, un modelo optimizado para equipos portátiles, hace el resto.

Nuestra conclusión es sencilla: si tus tareas no están vinculadas a la edición o montaje de vídeo, si no vas a jugar a nada más allá de un ‘Fortnite’ o ‘League of Legends’, escoge un chip gráfico integrado como el Intel 620 y deja que la RAM se encargue de lo demás. Si no sabes vivir sin un ‘Assassin’s Creed Odyssey’ o el último ‘Call of Duty’, piensa seriamente en una GTX 1060-1070 o un AMD Ryzen 5-7 2600-2700X junto a un procesador de octava generación en adelante.

CPU y memoria principal, lo más importante

Dejamos para el final el elemento más importante: la CPU y el resto de componentes que visten a la placa madre, el motor. Sobre la RAM, la fórmula es fácil: si trabajas con suites ofimáticas y te limitas a navegar con siete u ocho pestañas, ver alguna película en HBO o hacer algunas compras por Amazon, no necesitarás más de 8 GB de RAM. En cambio, si lo tuyo es el retoque fotográfico o renderizas vídeo, necesitarás toda la RAM que puedas pagar: a mayor cantidad, menos tiempo de espera.

Aunque ya sabemos que no todas las memorias RAM son iguales. Las DDR3 trabajan a una velocidad de reloj mucho más lenta que las DDR4. Y aun conservando la nomenclatura, no serán igual de rápidas las más antiguas. Las memorias DDR4 más veloces de la actualidad consiguen unos 4.600 MHz, frente a lo 2.400 MHz en el comienzo de la generación. Y las DDR5 duplican la tasa de transferencia de datos de las anteriores, pasando de 3,2 GB/s a 6,4 GB/s. Dicho esto, siempre que puedas inclínate por la versión más actual.

En cuanto a la CPU o microprocesador, debemos tener en cuenta dos valores: la generación del procesador y su velocidad de reloj. Porque no son idénticos un i5 de 2016 que un i5 de 2017. Ambos cuentan con tecnología Hyper-Threading para realizar computación en multihilo, pero los primeros son más lentos que los segundos. Dependiendo del presupuesto, siempre puedes elegir un mejor CPU y peor GPU.

Además hay que contemplar otros parámetros como el sonido incorporado, aunque pocas veces usaremos los altavoces predefinidos, pues los gamers saben que con unos buenos auriculares mejoran notablemente la experiencia de juego. Lo mismo podemos decir de las conexiones externas, desde el estándar Bluetooth 4.2 en adelante, WiFi compatible con la norma 802.11ac, o un puerto RJ-45 para conectar auriculares.

Conviene disponer siempre de un par de puertos USB 3.0 para poder ampliar nuestro ecosistema de trabajo y lograr buenas velocidades de transferencia con discos duros externos. Y nunca está de más una salida DisplayPort 1.2 y HDMI para montar una segunda pantalla o incluso proyectar el escritorio. Al fin y al cabo, la vida útil de nuestro equipo vendrá condicionada por sus capacidades.

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Israel Fernández