Los robots no te quitarán el trabajo: serán tu nuevo jefe

Hay mucho miedo por ahí fuera porque los robots terminen ‘robándote’ el trabajo, pero esto no será así en todos los casos. Aquellos en los que se necesite pensar y repensar, en los que es necesario encontrar las soluciones creativas a través de equipos versátiles y solventes como Acer Aspire 5, son más propensos a mantenerse en el lado humano.

Es cierto que algunos trabajos mecánicos y repetitivos (agentes de call center, montadores, repartidores, ciertos perfiles asistentes, etc.) son susceptibles de ser reemplazados —y, lamentablemente para muchos, lo serán—; sin embargo en otros muchos empleos el humano es absolutamente insustituible. Ningún robot podría plantarle cara.

Robótica o inteligencia artificial son dos términos que han saltado a la palestra en los últimos años, y aunque a diario nos beneficiamos de ellos, muchos no son conscientes de las implicaciones de estas técnicas y tecnologías. ¿Robots? ¿Inteligencia artificial? ¿De qué estamos hablando?

No pensemos en robots, sino en algoritmos

Casi siempre que hablamos de inteligencia artificial nos vamos hacia la robótica. Nos imaginamos aquel robot humanoide que corría detrás de Will Smith, y no exactamente para invitarle a un café.

O a las últimas —e increíbles— creaciones de Boston Dynamics. Sin embargo, la realidad es que la mayoría de la IA que actualmente existe está muy lejos de estos tópicos, moviéndose mucho más en un entorno virtual e intangible: son los algoritmos.

Un algoritmo es, según la definición de Wikipedia, «un conjunto de instrucciones o reglas definidas y no-ambiguas, ordenadas y finitas que permite, típicamente, solucionar un problema». Existen algoritmos que, a través de técnicas de inteligencia artificial —Machine Learning, Deep Learning, etc.—, pueden utilizar su «»»inteligencia»»» (nótense las múltiples comillas, por favor) para extraer conclusiones que a los seres humanos les costaría muchísimo más tiempo sacar.

Alejándonos de tecnicismos, un habitual ejemplo de algoritmo es el de una receta de cocina. Partiendo de una serie de ingredientes iniciales, se indica la secuencia de pasos que hay que dar para, mezclando todos estos ingredientes, llegar a cocinar un plato.

En informática e inteligencia artificial, un algoritmo parte de un contexto inicial, generalmente datos e información cuantitativa, y se quiere alcanzar una meta final en forma de producto comercial, conclusiones científicas o mejora en cualquier ámbito. Lo que hay entre el inicio y el final son una secuencia de pasos y un laberinto de sentencias lógicas y cálculos matemáticos que es lo que nos permite sacarle el máximo partido posible a los ordenadores.

No, un robot no puede hacer cualquier cosa

Pero ni un algoritmo ni tampoco un robot pueden hacer cualquier cosa que nos imaginemos. No al menos con la técnica y la tecnología de la que disponemos hoy en día, que está ciertamente limitada y cuyas posibilidades están muy por debajo de lo que —por ahora— es capaz un ser humano. No, un robot no puede hacer cualquier cosa.

Pueden componer música, pero no tienen el éxito que tiene Rosalía en el mundo entero. Los hay que se mueven de forma grácil en entornos cerrados y controlados, pero no responden tan bien en un mundo abierto e impredecible.

Hay hasta una vertiente completa de la IA que trabaja el sector del periodismo, el llamado Automated journalism. En esencia, crear redactores de contenidos «robotizados» que creen sus textos a través de la inteligencia artificial; un campo que lleva ya varios años de investigación y que ha tenido sus primeros frutos tan exquisitamente diseñados que en la mayoría de casos pasan desapercibidos. Este artículo, sin ir más lejos, podría haber sido escrito por un robot.

Algunos robots que se mueven lo hacen de forma grácil en entornos cerrados y controlados, como el famoso perrete de BD, y muchos incluso campeonatos tremendamente prestigiosos. Sin embargo, no siempre responden tan bien en un mundo abierto, donde es habitual encontrarse con varios tropezones:

Evidentemente la técnica irá mejorando con el paso de los años —o, mejor dicho, décadas—, pero ciertos comportamientos humanos serán irreemplazables. En el lado contrario, en algunos empleos la inteligencia artificial es la aliada perfecta: ayuda a que equipos de bomberos puedan predecir el comportamiento de los incendios o a encontrar la vacuna del último virus que ha sacudido el mundo, entre millones de diferentes posibilidades. La IA se ha convertido en un complemento a la labor humana cada vez más importante en su día a día.

Para ellos, los robots observarán… y ayudarán a sacar conclusiones

Para estos trabajadores irreemplazables e imprescindibles en la sociedad, la IA observará, no ejecutará. Esta observación tiene un doble objetivo:

  1. Aprender del comportamiento humano. Qué hace el humano, qué secuencias o acciones realiza para solucionar los problemas, etc. Gracias a esta observación, los robots y la inteligencia artificial tendrán la capacidad de aprender para mejorar sus conocimientos
  2. Cuantificar su trabajo. A través de la observación y del análisis se pueden extraer valores relativos a la productividad, rendimiento, potencial, etc., del trabajo realizado por el humano, o de los resultados obtenidos (y su relación con el desempeño anterior). Esto ayudará a extraer conclusiones para mejorar de cara al futuro, por ejemplo recomendando buenas prácticas o mejoras a sus procesos.

Un ejemplo práctico: los trabajadores de una fábrica. Una cámara puede grabar sus movimientos, estudiarlos y analizarlos para plantear mejoras en el proceso. Esto puede incluir tanto intercambiar la localización de los productos con los que trabajan, como recomendar mejores rutas para que los empleados las utilicen para mejorar sus resultados.

Este estudio tiene un lado negativo para el que muchos todavía no estamos preparados. La observación y monitorización continua de nuestro trabajo, un gran hermano constante de nuestra labor profesional en el que perderemos cualquier atisbo de privacidad. El robot podrá observar —y notificar— de cualquier error o mal rendimiento que podamos tener. ¿Es aquí hacia donde nos dirigimos? Es, al menos, una posibilidad.

Pero estos posibles futuros quebraderos de cabeza no nos deben hacer olvidar los grandes beneficios que la inteligencia artificial y la robótica están teniendo en nuestras vidas. Crecemos, progresamos y evolucionamos como nunca antes lo había hecho el ser humano en su historia, y esto es en parte debido a lo que la tecnología está aportándonos.

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Pablo