¿Sabes cuántos puestos de trabajo estás automatizando a golpe de click?

Cuando hablamos de ‘automatización’ pensamos en grandes empresas. Marcas que, con desarrollos tecnológicos, destruyen puestos de trabajo poco cualificados y generan otros “de cuello blanco”. Sin embargo, ¿te has planteado cuántos puestos de trabajo estás automatizando tú, en tu día a día? Son unos cuantos.

Toda tecnología modifica de forma considerable el modo en que es mueve la economía. Raro es el invento que no desplaza de una forma u otra a un gran conjunto de trabajadores. En este artículo repasamos el día a día de una persona promedio, y analizamos qué trabajos dejamos atrás gracias a la tecnología.

‘Bip, bip, bip’, ¡hora de despertar!

Hoy casi todos abrimos los ojos gracias al despertador del teléfono móvil. Algunos usamos una pulsera inteligente con vibración, y aún los hay que usan despertadores. El primer despertador se atribuye a Levi Hutchins, un relojero de 1787. Aquello puso en jaque no solo al clásico gallo, sino también a los encargados del repique de las campanas.

Al despertarnos tenemos dos posibilidades: acudir al baño (más o menos raudos), o desayunar. ¿Te has planteado de dónde sale el agua con la que te aseas? En la parte inferior de los edificios una bomba la impulsa hacia arriba. Adiós a los aguadores. Y también a los barberos si te afeitas en casa a diario con una maquinilla, eléctrica o no.En el caso de que desayunemos en casa es muy probable que hagamos uso del frigorífico, donde guardamos la leche. Esta ya no viene cada mañana fresca de manos de las ordeñadoras. En el pasado, los roles laborales por género estaban muy marcados. Así, los neveros recogían nieve durante el invierno para compactarla en forma de hielo en lugares llamados neveros (abajo).

nevero para guardar nieve puestos de trabajo automatizar

Luego, durante el resto del año, cortaban el hielo, lo cubrían, y lo transportaban a las ciudades. “Nevera” significa “lugar donde guardar nieve”. Pero ahora  el frigorífico usa un motor eléctrico para generar frío en su interior. Ya no hacen falta.

¿Dónde quedaron los cocheros y ascensoristas?

Se habla mucho de la conducción autónoma y de cómo conducir no será una profesión dentro de unas décadas. Cuando coches robot recorran las calles de nuestras ciudades, no habrá conductores. Lo consideramos un drama, pero hoy nadie recuerda a los cocheros. Al menos no en países como el nuestro.

Los cocheros eran los encargados de guiar a los caballos por las calles de una ciudad. Estos últimos, además, generaban una gran cantidad de empleo. El personal de cuadra ahora es anecdótico. Los herreros que funden las herraduras y otros enseres, también. Les decimos adiós cada vez que arrancamos el coche, pedimos un taxi o nos montamos en un autobús.

Tampoco es muy frecuente dar con un ascensorista. Aquellos profesionales, que aún hoy vemos en algún hotel, no solo pulsaban botones. Eran los encargados de la seguridad, el cierre de las puertas y la coordinación de los pasajeros planta a planta.

Hoy usamos tecnología para consolidar esta seguridad con puertas que no se cierran si hay algo en medio, o ascensores programados para optimizar sus paradas. Algo similar ocurre con aquellos encargados de vagón en el metro. Las puertas son ya casi todas automáticas. Cuando no, el pasajero dispone de un botón de apertura.

La oficina, uno de los lugares que más han cambiado

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Pero si llegar al trabajo ha supuesto una elevada dosis de automatización en las últimas décadas —lo será aún más si conseguimos que los coches conduzcan por su cuenta— otro de los espacios donde más puestos de trabajo han desaparecido son las oficinas.

El fin de la era del papel

Pensemos, por ejemplo, en los correos. No hablamos de la correspondencia, notas o escritos, sino de los encargados de repartirlos por las oficinas. Los correos se pasaban el día trasladando papeles entre plantas de una misma empresa. Ahora, enviamos un email incluso a nuestro compañero de al lado, dejando atrás esta profesión.

Adiós a los contables

También ha quedado relegada la profesión de contable calculista. Si antes las grandes empresas contaban con un ejército de ellos distribuidos en filas y columnas de ‘remeros’, hoy funcionan con personal mínimo. El motivo es muy sencillo: la mayoría de los contables solo realizaban operaciones de cálculo.

Hoy abrimos cualquier aplicación, como Excel, tecleamos la operación y, al arrastrar la celda obtenemos en segundos operaciones que antes requerían horas de trabajo manual. Esta automatización sería imposible sin herramientas como el ordenador portátil, del que el modelo Acer Swift 7 ganó el premio Good Design Award 2018.

Si destacamos este ordenador es porque supone todo un logro tecnológico al convertirse en uno de los portátiles más finos del mercado. Con este tipo de dispositivos la flexibilidad laboral es aún más alta.

Un redactor en vez de decenas

Hace unas décadas todo un equipo de redactores profesionales tecleaban una y otra vez informes muy similares, pero la ofimática nos permite editar plantillas que reutilizar una y otra vez sin apenas esfuerzo.

Operadoras, gestores e intermediarios

La digitalización supuso un cambio importante en la vida de todos nosotros. Ha hecho, por ejemplo, que ahora puedas comprar un objeto por internet sin necesidad de intermediario. O relegando este a una plataforma automatizada. Antes necesitabas que el objeto que buscabas estuviese expuesto físicamente en una tienda (tendero) y que hubiese llegado allí debido a un distribuidor.

Ahora abres el ordenador o el móvil y compras directamente al fabricante, o a otra persona (segunda mano), algo que ha hecho posible la bajada del precio de muchos bienes y servicios. También ha bajado mucho el coste al eliminar una gran cantidad de gestores intermedios en las empresas. La mejora en las comunicaciones y los sistemas estandarizados de tomas de decisiones los han hecho prescindibles.

Es en telecomunicaciones donde quizá hemos visto el mayor cambio. La generación de mis padres aún conoció a las operadoras, encargadas de crear físicamente el nexo entre donde comenzaba una llamada y donde terminaba. Ahora, sistemas autónomos crean el canal virtual necesario para cada intercambio de información en décimas de segundo. Adiós a ‘las chicas del cable’.

Automatizar tareas, más que trabajos

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Es cierto que una gran cantidad de trabajos desaparecen cuando surgen nuevos inventos tecnológicos de uso diario. Sin embargo, muchas profesiones simplemente se adaptan al cambio y siguen existiendo. Los pocos contables que quedan son un ejemplo: solo se automatiza el cálculo. El robot aspirador de nuestra vivienda es otro ejemplo.

Ni evita que haya personal de limpieza ni nos concede un mes sin que tengamos una limpieza general. La lavadora, que deja completamente de lado el lavado a mano, no evita tener que frotar alguna mancha que otra y, desde luego, no ha acabado con los tintes. Además, nuevos negocios de lavadoras públicas han visto la luz durante los últimos años.

A medida que se automatizan algunas habilidades (transportar agua, cortar pelo, ordeñar,…) muchos trabajos cambian. Otros desaparecen y dan lugar a una nueva generación de empleo: diseñadores de frigoríficos, optimizadores de ecommerce, programadores, personal de PRL, etc.

En nuestro día a día rara vez pensamos en todos los puestos de trabajo que han sido automatizados gracias a nuestro cambio de hábitos. Este es tan gradual que a menudo ni nos damos cuenta de que ocurre. Cualquiera que haya usado un editor de texto, por ejemplo, podrá usar el que salga dentro de unos años.

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Alma Landri