Si Bluetooth es uno de los estándares más farragosos, ¿por qué seguimos usándolo?

Bluetooth lleva varias décadas acompañándonos y sirviéndonos religiosamente en nuestro día a día. Periféricos como teclados o ratones, o accesorios como auriculares o altavoces, se pueden conectar a un dispositivo como el Acer Aspire 5 que incluye tanto Bluetooth como otros sistemas de comunicación de uso cotidiano en el mercado actual.

Pero que sea uno de los mecanismos de comunicación también tiene un lado oscuro: Bluetooth también es uno de los estándares con mayores problemas de seguridad y que más debate está levantando entre los expertos. Y sin embargo, ¿por qué seguimos usándolo?

Un poco de historia del Bluetooth

Nils Rydbeck y Johan Ullman crearon unos auriculares inalámbricos para el Ericsson Mobile Lab en 1989, con una nueva tecnología de comunicación de ‘corto alcance’ que en 1995, y de la mano de Jaap Haartsen, se creó como un estándar. Se fundó el Blutooth SIG (Special Interest Group) con miembros fundadores como la propia Ericsson, Intel, Nokia o Toshiba, quienes junto con otras compañías que se han ido adhiriendo con los años han continuado la evolución y mejora del estándar.

El objetivo del estándar Bluetooth se ha mantenido con pocos o ningún cambio desde sus inicios: un mecanismo de comunicación de corto alcance y bajo consumo entre dos dispositivos. Sin embargo, el paso del tiempo y la evolución tecnológica han hecho que Bluetooth haya tenido que adaptarse a los cambios en cada momento, de forma que se han ido lanzando nuevas versiones y revisiones cada pocos años. Aunque la más frecuente en el mercado es Bluetooth 4.0, la más moderna es Bluetooth 5.0 que se centra en el IoT y en los dispositivos móviles.

Precisamente toda esta variedad de dispositivos (tanto clientes como servidores) hace que el estándar Bluetooth sea extremadamente complejo en su parte teórica. Por ejemplo, en Wired hablan de 3.000 páginas de contenido por las aproximadamente 300 que tienen otros estándares equiparables como WiFi.

La complejidad del estándar Bluetooth

La principal razón de la complejidad de Bluetooth la encontramos en sus posibilidades: lo que al principio era algo relativamente sencillo para la comunicación entre dos dispositivos (enviar fotografías, vídeos o archivos simples, o emparejar unos auriculares a un teléfono u ordenador) se ha convertido en cientos y cientos de diferentes productos, con decenas de funcionalidades completamente dispares.

Con Bluetooth 4.0 llegó la versión ‘Low Energy’ y dispositivos como pulseras de actividad o relojes inteligentes, que se comunicaban con el smartphone para enviar cierta información de forma puntual. Con Bluetooth 5.0, además de todo lo anterior, nos encontramos con un estándar centrado en el IoT cada vez más frecuente en nuestros hogares.

Podemos encontrar miles y miles de productos compatibles con Bluetooth, pertenecientes a decenas de categorías. Desde los más habituales auriculares o altavoces, hasta incluso pequeños juguetes con Bluetooth que se conectan a un smartphone, pasando por un sinfín de cacharros y dispositivos.

Si nos referimos a la seguridad, cada uno de estos diferentes dispositivos tendrá sus propios requisitos. Por ejemplo, no es necesario aplicar una seguridad extraordinaria a un cepillo de dientes con Bluetooth, como sí lo es hacerlo con un OBD inalámbrico para el coche.

Precisamente uno de los grandes debates de Bluetooth es la seguridad. Por ejemplo, uno de los usos que en los últimos años se ha dado a este estándar de comunicación es el de los dispositivos generadores de claves, y que añaden una capa de seguridad ‘extra’ a un ordenador o un smartphone. Los modelos Bluetooth son completamente inalámbricos y permiten añadir otro método de autentificación, además de las contraseñas habituales.

Google lanzó una llamada Titan Security Key que duraron muy poco en el mercado, ya que las retiraron tras encontrar un fallo de seguridad con el que un atacante físicamente cercano a la llave podía comunicarse con ella o con el dispositivo al que estuviera conectado, tal y como contaron en el blog oficial de la compañía.

¿Y por qué lo seguimos usando?

La tecnología no es infalible. De hecho, suele fallar con cierta frecuencia, y más escandalosamente cuanto mayor es el sistema que falla. A diario suceden fallos de seguridad y la mayoría de ellos son solucionados en cuestión de horas o pocos días por parte de los programadores al cargo de la aplicación.

Recientemente hemos tenido ejemplos con WhatsApp, Windows, procesadores Intel o incluso routers inalámbricos, y Bluetooth no es una excepción. Los expertos alarman de diferentes vulnerabilidades de las que los usuarios ni siquiera somos conscientes. Y sin embargo, ¿por qué lo seguimos usando?

Primero, porque en Bluetooth todas estas vulnerabilidades son muy poco frecuentes, más aún en el usuario común. Una empresa debe estar atenta a cualquier problema que pueda poner en peligro la integridad de la tecnología que usa, pero estas cuestiones raramente afectarán a los usuarios corrientes.

Segundo, porque la importancia de estos fallos de seguridad, salvo excepciones puntuales, no tienen mayor repercusión. ¿Qué ocurre si hackean mi cepillo de dientes? ¿Que tengo que volver a sincronizarlo?

Tercero, porque una tecnología tan asentada en el mercado como Bluetooth es raro que se deje de lado. Nos hemos acostumbrado a ella, nos acompaña y nos seguirá acompañando en nuestra tecnología. Es más probable que desaparezca porque se invente una tecnología rival y más potente, que porque realmente sea peligroso usarla.

Y cuarto y último, porque a día de hoy no existen alternativas que sean tan eficaces y eficientes como es Bluetooth. Existen algunas opciones que están comenzando a emerger –sobre todo relativas al campo del IoT– pero que aún están a años luz de siquiera acercarse a lo que Bluetooth ofrece en términos de mercado y compatibilidad.

Aunque sea un estándar complejo que tenga fallas de seguridad, por ahora parece que seguiremos utilizando Bluetooth durante muchos años más.

Imágenes | Facebook de Acer

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Pablo