Todo lo que necesitas saber sobre las placas base, los cimientos del PC

La capacidad de ampliación, de sustituir componentes antiguos y desfasados por otros más modernos y potentes es posiblemente el hecho diferencial de la master race. El concepto de obsolescencia está mucho menos definido en el mundillo del PC gaming, más particularmente en el caso de los equipos de sobremesa. Y es que, tan pronto como necesitemos más músculo, siempre vamos a poder ampliar la RAM, sustituir la CPU o cambiar la tarjeta gráfica.

Todo esto se lo debemos a la placa base, un componente muchas veces ignorado y que, sin embargo, posee una importancia fundamental. ¿Pero qué es exactamente y cómo funciona? ¿Y en qué debemos fijarnos de cara a montar nuestro propio equipo? Vamos a resolver estas y otras dudas.

¿Qué es una placa base?

Si abrieras la torre de tu ordenador, verías una serie de componentes conectados directamente o mediante cables a una gran superficie repleta de circuitos. Esa es la placa base. A grandes rasgos, la placa base (también conocida como placa madre) es la placa PCB que alberga todos los componentes internos fundamentales de un PC y gran parte de sus accesorios opcionales.

Si la CPU es el cerebro y la tarjeta gráfica el corazón, la placa base sería el esqueleto, proporcionando el soporte físico necesario para sostener a ambos.

La placa base, asimismo, incorpora todos los conectores necesarios para el funcionamiento del PC, incluyendo las salidas de vídeo (normalmente HDMI y DisplayPort), los USB y los puertos de audio para auriculares y altavoces entre otros. También posee las ranuras necesarias para conectar los módulos con la memoria RAM, unidades SSD y discos duros entre otros elementos.

Una característica interesante de las placas base es que con el paso de los años han ido ganando funciones. Si anteriormente necesitábamos una tarjeta de red para conectar un router o una tarjeta de sonido para reproducir cualquier tipo de audio que no fuera el descacharrante speaker, desde hace ya más de una década es normal que estas funciones se integren en el chipset de la propia placa.

Normalmente, las placas base se distinguen por el chipset (algo así como la CPU que controla el funcionamiento de la propia placa) y el socket o zócalo (el “hueco” para el procesador que queramos utilizar). AMD e Intel utilizan placas con distintos chipsets y sockets, cada uno con sus propias especificaciones.

Qué mirar en una placa base

Al igual que sucede con los procesadores y cualquier otro componente, las placas base también van modernizándose con el paso del tiempo para incorporar funciones innovadoras y ganar compatibilidad con piezas anteriormente no disponibles. Estos son algunos aspectos que hemos de vigilar:

  • El chipset: define en gran medida las interfaces (ranuras y conectores) que encontraremos en nuestra placa, así como la generación de chips Intel o AMD soportadas. Los chipsets más modernos proporcionan acceso a conectividad WiFi más rápida y robusta, además de mitigaciones frente a malware, por ejemplo.
  • El socket o zócalo: Intel suele cambiar de socket en cada generación de procesadores. Actualmente, los chips de sobremesa de 11ª generación utilizan el conocido como socket LGA 1200. AMD, por su parte, utiliza por ahora el mismo socket para su gama Ryzen (AM4), por lo que –dentro de unos límites– es posible actualizar el procesador sin cambiar de placa.
  • La RAM: en función de lo moderna que sea la placa, las ranuras para la memoria RAM soportarán módulos más veloces.
  • Las ranuras PCIe: tarjetas gráficas, unidades SSD…, casi todos los componentes modernos se montan usando una de estas ranuras. Asegúrate de que tienes tantas como necesitas.
  • Funciones gaming: algunas placas base incorporan funciones de overclocking en la BIOS o a través del software para Windows. Es el caso de la gama Acer Predator, que facilita este tipo de operaciones con aplicaciones sencillas y que no entrañan riesgo.

Tipos de placa base

Según el tamaño de nuestro ordenador, también podremos encontrar distintos tamaños de placas base, porque no todo el mundo necesita una torre de gran tamaño y con enormes posibilidades de ampliación. Hay muchísimos factores de forma, pero estos son los más habituales:

  • ATX (305×244 mm): utilizado por placas como las de la gama Predator Orion. Ofrecen muchísimo espacio de ampliación y pueden acomodar sistemas de refrigeración líquida sin problema.
  • Micro-ATX (244×244 mm): sus anclajes son compatibles con ATX y cualquier torre que pueda alojar dichas placas, pero tiene una menor superficie y, por tanto, menos capacidades de expansión. Permite crear equipos más compactos, incluso de tipo gaming si se tiene algo de maña (aunque meter una tarjeta gráfica y refrigerar el conjunto puede ser un problema).
  • Mini-ITX (170×170 mm): este formato se diseñó para ordenadores de bajo consumo y dimensiones muy reducidas.

Placas base para ordenadores de sobremesa y portátiles: similitudes y diferencias

Placa base Acer HannStar J MV-4 DAOZR6MB6EO para Acer Extensa 5235.

La diferencia fundamental entre las placas para torres y portátiles reside en que casi todos los elementos están totalmente integrados en estos últimos. La CPU y la RAM suelen estar soldadas, e incluso la unidad de almacenamiento puede estar formada por chips inseparables de la placa base. Esto también puede suceder en el caso de los equipos All-in-One, puesto que tienen unos requisitos de espacio muy similares.

Algunos equipos portátiles brindan la opción de ampliar la RAM y el almacenamiento, aunque no siempre es el caso. Es por ello que debemos prestar atención a este tipo de características antes de realizar nuestra compra. No olvidemos que la posibilidad de añadir más memoria de sistema o una segunda SSD puede hacer que nuestro portátil siga funcionando a pleno rendimiento años después de su compra.

Imágenes | JESHOOTS.COM, Acer, Intel, Raimond Spekking / CC BY-SA 4.0 (via Wikimedia Commons)

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