La IA, tecnología de aplicación en todo lo que vemos

Si el siglo XX se caracterizó por la implantación del tendido eléctrico en sus inicios y de internet a finales, así como sus respectivas explosiones de actividad; los inicios del siglo XIX podría ser recordados como aquellos años en los que se desplegó la inteligencia artificial, y sus consecuencias.

La inteligencia artificial necesita de estas dos redes previas para funcionar, y expertos en IA como Andrew Ng la ha llamado “la nueva electricidad” por el impacto que tendrá en nuestras vidas. Si todo se está volviendo un dispositivo del IoT, todos sus respectivos cerebros pronto estarán conectados a la IA.

Inteligencia artificial hasta en la sopa

El concepto de inteligencia artificial ha “explotado” en los medios. Pese a que el término tiene setenta años, es desde hace un par que cualquier periódico recoge noticias al respecto a diario. A fecha de redacción de este artículo El País tenía cinco y El Mundo cuatro.

El motivo es que una gran cantidad de proyectos están empezando a aplicar IA, y los informativos lo reflejan. Pero, como veremos a continuación, esto no ha hecho más que empezar.

La tendencia alcista continuará durante un tiempo, y luego vendrá el silencio. Dentro de unos años el concepto “inteligencia artificial” tendrá la misma relevancia en los medios que hoy la electricidad: solo aparecerá cuando falle.

La literatura científica, un aviso de lo que está por llegar

Hoy muchos de nosotros podemos investigar sobre la inteligencia artificial y sus aplicaciones. También podemos estudiar sobre el tema con libros como ‘Inteligencia artificial’, de Pablo Rodríguez Rodríguez, ‘Ética para las máquinas’, de José Ignacio Latorre o ‘Un mundo robot’, de Javier Serrano.

Aquí y allá abundan cursos sobre cómo empezar a programar en IA, y hoy cualquiera de nosotros puede ponerse a aprender sobre el tema desde un ordenador, portátil incluido.

Programar es más fácil desde un sobremesa potente con capacidad para soportar dos monitores, como es el caso del Acer Nitro 50 (i5 8400 y 16 GB DDR4), aunque los portátiles no se quedan cortos para la labor.

Si buscamos uno liviano de menos de 1 kg y con batería para 11 horas de actividad, el Acer Aspire 5 será un buen compañero. Con pantalla IPS FHD y hasta 15,6”, tendremos un espacio cómodo desde el que trabajar incluso a la pantalla partida imprescindible en programación.

articulos cientificos publicados sobre inteligencia artificial

En la gráfica observamos cómo el número de artículos científicos abiertos no ha hecho más que crecer en los últimos años. Esto, que podría pasar por una tendencia estadística sin más, tiene implicaciones serias. En una década buena parte de las aplicaciones prácticas de estos papers estarán entre nosotros, lo que promete cambiar el modo en que nos relacionamos con las máquinas.

Bienvenido a la hiperpersonalización

Si accedemos a Google Maps, a Netflix o a Spotify veremos un adelanto de la hiperpersonalización de los servicios derivado de la inteligencia artificial. En caso de que alguna vez hayamos hecho reseñas en Google Maps, al pulsar sobre cualquier restaurante encontraremos nuestro “porcentaje de afinidad”, una métrica de 0 a 100% que nos informa de cómo de afín a nuestros gustos es el establecimiento.

Netflix usa el “match”, e informa a sus usuarios en base a calificaciones previas por parte de estos sobre cómo de interesante será la película, serie o reportaje para ellos. Y cuando hablamos de Spotify, Youtube Music, Amazon Music, etc, encontramos listas con canciones que pueden gustarnos. Y esto va a más.

Un ejemplo que ya podemos probar es la aplicación MyStreetBook, que organiza viajes para turistas de modo tal que cada trayecto es único y está optimizado para cada viajero. La app aprende de los gustos de cada persona y, combinándolos con los horarios de apertura de los museos o atracciones, las tarifas de viajes o la accesibilidad, traza el mejor recorrido.

Esta aplicación tiene ciertas ventajas similares a los sistemas inteligentes de transporte. A diferencia de las estáticas guías de viaje o los no-responsive mapas de carretera, no todos los viajeros harán uso de la misma infraestructura a la vez ni irán por los mismos caminos, difuminando la saturación en horas punta. Y que conste que esto lo aplicaremos a todo.

Gimnasios inteligentes, hábitos inteligentes

Uno de los usos que más interés está suscitando es la aplicación de la IA a la salud y los hábitos saludables. El entrenamiento y la comida entre ellos. Ya existen multitud de aplicaciones que diseñan, hasta cierto punto, una hoja de ruta de trabajo configurable, pero pocos personalizadas y únicas.

El proyecto español Nexa Revolution ha desarrollado un banco de trabajo para gimnasios que funciona con la premisa de esta personalización. La idea es aprovechar una serie de propiedades mecánicas para conseguir contracciones negativas (un tipo de condición de entrenamiento) en cada usuario.

Resumiendo mucho, cada persona tiene un límite en cada uno de sus músculos que ha de ser vencido para romper las fibras musculares de forma segura y que el ejercicio de los mejores resultados posibles en el menor tiempo. Y estas cifras no pueden llevarse de una persona a otra, ni siquiera permanecen constantes en cada uno de nosotros. Que se encargue la inteligencia artificial.

inteligencia artificial entrenamiento

En una línea similar, esta vez relacionado con los hábitos alimenticios, tenemos Plant Jammer. Esta aplicación para móviles nos permite seleccionar qué alimentos tenemos en casa y, haciendo uso de una inteligencia artificial alimentada con recetas, es capaz de extrapolar miles de nuevos platos saludables. Como adelantábamos, IA hasta en la sopa.

El día en que la IA deje de ser noticia

Los periódicos de comienzos del XX hablaban continuamente del tendido eléctrico. Cada vez que este alcanzaba una localidad o construía un centro de transformación constituía un nuevo hito. Algo similar vivimos con el despliegue de internet y los mapas de cables. Ahora le toca a la inteligencia artificial.

Sin embargo un día abriremos nuestro ordenador en busca de noticias y la IA no ocupará ningún espacio. Estará ahí, claro, analizando nuestros patrones de búsqueda, determinando qué nos gusta y a qué hora consultamos qué contenido. Pero no se hablará de ella a menos que falle.

Al levantarnos nuestra pulsera inteligente detectará toda nuestra actividad y calculará el entrenamiento de la semana. El televisor solo mostrará contenido que nos interese. El transporte de la ciudad se adaptará al pulso que forman los usuarios que se desplacen en cada momento.

En ese momento la inteligencia artificial y sus sensores tendrán tanta relevancia como los cables eléctricos de la pared. Nula, a menos que se vaya la luz y haya que bajar a la sala de máquinas a ver qué ha pasado. La IA será invisible, pero lo abarcará todo.

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Imágenes | iStock/grinvalds, iStock/nensuria

Alma Landri