‘Quédate en tierra’, la alternativa a los viajes en avión

Greta Thunberg se ha convertido en un icono en la lucha contra el cambio climático. Un estandarte bajo el que agrupar políticas orientadas a la descarbonización y fomentar un uso más responsable de los recursos del planeta. Por ejemplo, dejar de volar en avión.

El movimiento, que recibe los nombres suecos de flygskam y tagskryt, “la vergüenza de volar” y “el orgullo de viajar en tren”, respectivamente, ha hundido los viajes en avión en Suecia y recibido el nombre de El Efecto Greta. Solo durante el último año se han reducido un 8% los viajes.

¿Es más sostenible el tren que el avión?

El avión es el medio de transporte que más CO2 genera para el mismo trayecto. El que más contamina. Andar o viajar en bicicleta son los que menos, claro, pero si hablamos de transporte con motor el tren es el rey.

Según la Agencia Europea del Medio Ambiente en su último informe sobre transporte, una persona viajando en tren a lo largo de un kilómetro genera 14 gramos de CO2. La misma distancia, en avión, nos cuesta 285 gramos de CO2, emitiendo veinte veces más contaminantes a la atmósfera.

gramos de co2 por pasajero y kilometro

El contacto rueda-carril en la circulación ferroviaria es uno de los mayores logros de la ingeniería y la eficiencia.

Por eso la gente está dejando de volar,  del mismo modo que acude a la compra con bolsas de tela, intenta comer menos carne, prioriza el uso del transporte público en lugar del coche (101 gramos de CO2) o invierte en tecnología de larga duración y bajo consumo, como es el caso del Aspire 5 (11 horas de batería).

La concienciación ciudadana, clave

Las medidas tomadas por los gobiernos, como el Acuerdo de París, son importantes. Sin embargo parece que la palanca de cambio va a tener a los ciudadanos como protagonistas. Si estos cambian sus hábitos para minimizar su impacto ambiental, las compañías más contaminantes tiemblan.

Ya ha ocurrido, de hecho. En 2010 la plataforma petrolífera Deepwater Horizon se hundió en el golfo de México. BP, su explotadora, perdió 62.000 millones de euros en unos meses. Algo parecido le pasó a Volkswagen en 2015 con el dieselgate y el fraude de las emisiones.

En menos de un mes su valor se desplomó a la mitad, y no parece haberse recuperado. El poder de la sociedad y las políticas medioambientales de la empresas son factores clave para enfrentarnos al cambio climático.

Invertir en tecnología responsable

quedate en tierra

Según el informe ‘El estado de la moda 2018’ (McKinsey), dos de cada tres millennials están dispuestos a gastar más en marcas sostenibles. El mismo informe señala que nueve de cada 10 consumidores de la Generación Z cree que las marcas son responsables de la sostenibilidad planetaria. Y tienen razón.

Muchas marcas han sabido adaptarse a las demandas sociales añadiendo a sus políticas corporativas acciones sociales. Acer lleva reduciendo su huella de CO2 desde 2009, y hace tiempo que pasó de la mitad de emisiones que tenía cuando se puso a medir.

Los movimientos como flygskam y tagskryt parecen ser solo la punta del iceberg. A fin de cuentas aún no son una mayoría, sino unos pocos radicales (en el buen sentido) de personas ricas que, pudiendo elegir viajar en avión, han decidido dejarlo de lado para que futuras generaciones puedan disfrutar del planeta.

Pronto conceptos como “durabilidad”, “consumo” o “reciclabilidad” serán tan importantes como el precio al comprar un portátil. Arriba hemos mencionado el bajo consumo del Aspire 5, aunque podríamos extender la política a toda la línea de fabricación de la marca, que evalúa categorías como la elección de componentes ecológicos o durabilidad del material.

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Imágenes | iStock/den-belitsky, Acer

Alma Landri