Por qué el 5G se ha vuelto más imprescindible que nunca: todo lo que sabemos de esta conexión

El 5G ha sido asociado al COVID-19, a conspiraciones y tapaderas, al control mental y a las armas inteligentes. La realidad es que aquellos países que ya contaban con un despliegue de redes 5G han sido capaces de contrarrestar y contraatacar mucho más rápido y de forma más efectiva al dichoso virus. Y es que la tecnología fue desarrollada para estar al servicio del ciudadano y no al revés.

El 5G es algo necesario en términos de evolución tecnológica. Imprescindible, de hecho. La actuales redes ya sufren cierta saturación y frecuentes caídas: en el mundo, cada minuto se transfieren más de 2.000 terabytes de información y, si dentro del ecosistema IoT en 2018 existían 7.000 millones de dispositivos conectados, esta cifra ya se ha multiplicado por tres. No en vano se espera que el tráfico de datos móviles alcance (y supere) el zettabyte durante el año 2022.

Con estos mimbres, la pregunta está servida: ¿qué es realmente el 5G y por qué supone el salvavidas dentro del rendimiento de la red móvil global?

Qué es el 5G

El 5G, como tal, es la quinta generación de redes de telecomunicaciones. Es decir, un estándar sobre el que operan decenas de estándares y tecnologías de conexión. Si en los años 80 se desplegaron las primeras redes globales 1G, a principios de los 90 llegó el 2G, los SMS y la posibilidad de mandar mensajes de voz y ya en 2004 aterrizó el 3G con una subida de velocidad hasta los 2 Mbps, el 5G propone unas características únicas:

  • Tasa de transferencia de datos de hasta 10 Gbps, 100 veces más rápida que el 4G.
  • Latencia mínima, de 1 milisegundo.
  • Mayor banda ancha, cubriendo hasta los 700 GHz.
  • La posibilidad de conectar hasta 100 dispositivos por unidad de área. Menos cuellos de botella.
  • Mayor cobertura, del 100 %, al usar frecuencias más cortas (30 GHz y 300 GHz).
  • Reducción de hasta el 90 % en consumo de energía eléctrica.
  • Y, por ende, mayor duración de la batería en dispositivos IoT.

Varios tipos de 5G

Para poder continuar hablando del 5G hay que tomar un desvío. Porque en la actualidad existen dos tipos de 5G: las NSA (del inglés Non Stand Alone, es decir, no autóno­mas) y las SA.

La primera podría considerarse una suerte de 4.7G, redes 5G desplegadas sobre infraestructura 4G operando en la actualidad. Las redes 5G NA, en cambio, proponen una mudanza, un salto en el cual cambia toda la infraestructura, desde las antenas receptoras del smartphone hasta las propias torres emisoras y repetidoras.

Y, si esta bifurcación complica un poco las cosas, aún debemos hablar de tres protocolos de frecuencia: FDD (División de Duplexación por Frecuencia), TDD (División de Duplexación por Tiempo) y HDD (División de Duplexación Híbrida). Estos tres protocolos se diferencian en la forma en la que se comunican. Las actuales frecuencias TDD no pueden enviar y recibir información de manera simultánea, ya que hasta que no se cierra una petición no se abre la siguiente.

Las redes 5G proponen un cambio de paradigma en la cantidad de conexiones aceptadas y la cantidad de operaciones realizadas dentro del mismo radio de acción. Esto es así porque en su nueva infraestructura no solo aumentan el ancho de banda disponible, también se reduce el tiempo de respuesta, lo que a la vez disminuye el tiempo de espera entre conexiones, eliminando la latencia.

¿Será segura una red 5G?

En términos de seguridad, el actual 4G utiliza la aplicación USIM, ya sea a través de una SIM extraíble o un chip UICC. Las redes 5G ganarán en robustez y seguridad al tratarse de un nuevo protocolo nativo, sin herencia de otros (como sí hacía el 3.5G o hace el 4-5G). 

Lo harán, en parte, gracias a una técnica denominada slicing no presente en anteriores generaciones. Este recurso fragmenta la información enviada, y solo el receptor de la misma recibe una llave digital para volver a ensamblarla y desencriptarla, eludiendo así un posible hackeo en mitad de la transferencia.

Porque aún debemos hablar del RPS (Aprovisionamiento de SIM Remota, en castellano). Cada dispositivo cuenta con su propia SIM, un código de números y letras semejante a nuestro DNI. Pero en muchas ocasiones esta SIM no llega a ser usada, se mantiene inactiva dentro de la red, pero la red les guarda ese espacio. 

Pensemos en una analogía, en la cantidad de números de teléfono disponibles. En España, la saturación del prefijo 6 obligó a usar el prefijo 7. Otro símil es la cantidad de DNIs expeditados, donde miles de jóvenes ya utilizan el ID de personas difuntas. El RPS sirve para que una SIM pueda ser activada de forma remota e incorporada dentro de un dominio concreto, según su función. De esta manera, se reduce la cantidad de interacciones humanas y se agiliza el tiempo de migrar y activar nuevos dispositivos.

También se ahorra ese “espacio virtual” de todas las SIMs inactivas y, más aún, se evita que los dispositivos deban identificarse antes de su distribución. Las nuevas iSIM y eSIM, además, serán tan pequeñas que podrán integrarse dentro de la circuitería interna del dispositivo.

¿Qué podremos hacer con el 5G?

Si aterrizamos estos valores a usos prácticos, significa que nuestro smartphone podría hacer una traducción simultánea de voz a texto. O que un V2I (vehículo a infraestructura) conectado tendría una capacidad de reacción 250 veces más rápida que una persona, evitando accidentes en carretera. Asimismo, podría haber un millón de dispositivos conectados en 1 km2 sin problemas de interferencias. 

Pensemos por un momento en las apps de telediagnóstico y en cómo se reducirán los tiempos de espera. O en toda esa gestión en tiempo real del tráfico de una ciudad, conociendo en todo momento su estado con latencia muy baja y sin apenas consumir energía.

Todo aquello que ahora resulta complicado debido a las necesidades de latencias por debajo de cierto umbral será viable. Más allá de la conducción autónoma, daremos un paso hacia una nueva automatización industrial. Dentro del sector médico, podrá realizarse algo más que un diagnóstico remoto de pacientes: podrán ser tratados, ya que será posible interactuar con el instrumental sin el menor delay.

Esta comunicación en alta definición también facilitará el streaming y el cloud gaming de servicios como Stadia —además de suponer un enorme salto en tanto a realidad virtual como aumentada— y, por supuesto, optimizará la IA de los dispositivos con actualizaciones constantes.

Nuevas formas de comunicación

En resumen, hablamos de una banda ancha inalámbrica. Un sueño que hasta hace muy poco implicaba sacrificar movilidad o rendimiento de red. Aunque, como es evidente, para sacar el máximo rendimiento a estas tecnologías tendrás que hacer uso de equipos compatibles y adaptados para ello, como el Acer Swift 3, un portátil de vanguardia con una conectividad ídem.

Por ejemplo, utiliza tecnología inalámbrica Intel WiFi 6 (GIG+) de doble banda (802.11ax), lo que ofrece una reducción del 75 % de latencia respecto a la generación anterior, seguridad mejorada y hasta tres veces más velocidad de navegación. Y esto se logra gracias a la doble antena MU-MIMO, la cual permite la conexión de varios dispositivos inalámbricos simultáneos.

Este equipo cuenta con apenas 1,19 kg de peso gracias a un cuerpo construido en una aleación de magnesio y aluminio. Se trata de un material especialmente resistente a todo tipo de golpes y arañazos, pero muy ligero. También exhibe acceso sin contraseña mediante biometría, además del lector de huellas digitales integrado. De igual forma, el equipo puede ser activado por voz, y no olvidemos la integración de Cortana.

Imágenes | Unsplash (1, 2, 3, 4 y 5)

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Israel Fernández